Capítulo 34


Capítulo 34

               De punta en blanco

Lo he pensado muchas veces durante estos días. Ahora que por fin se han acabado las Saturnales y volvemos cada uno a nuestro sitio, he decidido no convertirme en senador. Entiendo de política menos que de lanas. Además, me conozco y sé que metería la pata tarde o temprano en ese sitio.  ¡Y un millón! ¡Vamos, no me jodas!

El invierno es duro en Roma. La humedad aumenta la sensación de frío. Vitoria ha creado una nueva línea de ropa para el frío con lanas más gruesas. Se venden como caramelos por toda Roma. Es difícil ya caminar sin encontrarse con gentes de todo tipo vistiendo mis ropas y luciendo orgullosos mi marca.

Hoy ha venido el senador Lameculus a visitarme a mi casa.

–Tengo una gran noticia para ti. Ya te dije que Nerón deseaba conocerte. Estás invitado a cenar con él. Pero hay un inconveniente, Gilius. Tendrás que ir a Herculano. Allí tengo una lujosa villa a la que asistirá Nerón sin su esposa. –

–¿Al puerto de Herculano? ¿Tan al sur? ¡Eso está a tomar por culo de aquí! –

–Suele venir en invierno a una lujosísima villa que tengo cerca de la suya y que hizo construir en honor a su segunda esposa.  Allí no hace tanto frío como en Roma. –

Toma un largo trago de vino y come algo de queso de una mesa alargada llena de alimentos que tengo preparados para recibirle.

–Todas las grandes familias tenemos villas residenciales allí y el que más y el que menos se calza a alguna pompeyana. Deberías hacerte construir una tú también.–

–No, bastante tengo con mis propiedades en Roma y esto está muy lejos para mi gusto. No te lo vas a creer pero estoy harto de viajar. ¡Si yo te contara! –

El hombre se encoge de hombros.

–Es bueno permanecer junto al César tanto en verano como en invierno. –

–¿Vendrá con su esposa Popea? –

– No. Se dice que tiene una amante en Pompeya y aprovechará para visitarla. Y como se le antoje algún joven Pompeyano ya puede darse por jodido. Nerón es bisexual.–

–¿Y para cuando es la cena? –

–Para dentro de dos semanas. Yo partiré esta misma tarde en un barco que zarpa desde Ostia hasta allí. He de hacerme cargo personalmente de todos los preparativos. Para estas cosas no se puede confiar plenamente en los esclavos.–

–Yo prefiero viajar por tierra. No me fío de estos barcos. Hay muchos naufragios. Lo he visto en el Discovery Max. ¡La de ánforas que sacan de debajo del agua!–

–¿Discovery? ¿Qué es eso? ¿Un oráculo? Me estás preocupando. –

Otra vez el metepatas en acción. ¡Joder!

–No me hagas caso, Lameculus. Los hispanos somos muy supersticiosos. Con decirte que se nos cruza un gato negro y nos cagamos la pata abajo. Sin embargo, pisar mierda es para nosotros augurio de buena suerte…–

–¡Que cosas más raras! Pero déjate de tonterías, Gilius. Lo mejor es la vía marítima. Los caminos no son seguros. –

–De acuerdo. Pero tengo que hacer unas cuantas cosas antes de partir. Quiero hacerle un buen regalo a Nerón. Caer bien a ese individuo es fundamental para conservar la salud. Me informaré de cuando zarpa el siguiente barco. Nos veremos en Herculano. –

El senador se marcha. Yo me apresuro a ir al taller para hablar con Vitoria.

–Ave, Gilius. ¿Qué te trae por aquí? – me saluda la costurera.

–Buenas o malas noticias, no lo sé todavía. –

–Pues tú dirás. Aquí tenemos trabajo para siglos. La gente se ha vuelto loca y no damos abasto. –

–Te necesito. Escoge a alguien del taller para que te ayude. Busca la mejor tela que tengamos y borda todas las costuras con hilos de oro y plata. –

–¿Qué estás proponiendo? Pensaba que yo era la jefa del taller y la diseñadora oficial. Lo bordaré a mi antojo y según mis gustos. ¿Hilos de oro y plata? ¡Nada de eso! Son muy difíciles de coser.–

–Quiero que hagas una toga y una túnica como jamás se haya visto en todo el Imperio. La necesito para dentro de dos días como máximo.–

–Ya empezamos con las prisas ¿No te das cuenta de la cantidad de trabajo atrasado que tenemos? –

–No te preocupes por nada más. Esto tiene prioridad especial. Y otra cosa, quiero que le añadas algún detalle en seda.–

–¡Imposible! Las sedas sólo pueden vestirlas Nerón y su esposa. Ten cuidado, Gilius. Creo que se ha subido la fama a la cabeza y es muy fácil perderla con estas cosas. El castigo es la pena de muerte. –

La miro asintiendo con la cabeza y esbozando una sonrisa. La mujer cae en la cuenta de lo que ocurre.

 –¡El encargo que me haces es para Nerón! – está sobresaltada de pronto. Sus manos tiemblan.

–No pierdas un solo instante. Ponte manos a la obra. Se lo entregaré en persona dentro de dos semanas. Pero es urgente. He de viajar mucho para dársela. –

Salgo del taller y me dirijo a la casa del pintor que nos ha hecho el rótulo de las tiendas.

–Ave, Gilius. Los dioses sean contigo ¿Qué se te ofrece? –

–Ave, Brochus Gordus. Quiero que pintes una frase debajo de los frescos de ‘Amazónica’ y ‘Casto’ que hiciste en las entradas de todas mis tiendas. –

–¿Y qué he de escribir en ellos? –

–“Proveedor oficial de Nerón”. Todo el mundo debe saber que tengo un cliente tan distinguido.–

–¡Joder macho! ¡Sí que meas alto! –

–Ponte manos a la obra de inmediato. Me marcho. Tengo muchas cosas que hacer. –

Vuelvo a casa. Llamo a Excrementus con urgencia.

–¿Qué deseas de mí, Gilius? –

–Parte hacia Ostia de inmediato. Infórmate de los barcos que zarpen para Herculano en los próximos días. Necesito viajar allí antes de una semana. Escoge al que veas más grande y robusto. No escatimes en el precio. Quiero viajar seguro.–

–Así lo haré. Ahora mismo salgo para allá.–

–Habla con el capitán y reserva tres plazas. Viajaremos Culito, tu y yo. –

–Por todos los dioses, Gilius. A mí me da mucho miedo la mar. Nunca he subido a un barco. Te suplico que busques a otro para que te acompañe. –

–Me han asegurado que es mucho más seguro que cabalgar hacia el sur por la bota de la península romana. Hay mucho maleante por los caminos. – 

El hombre se retira para preparar un caballo y viajar a Ostia. Llamo ahora a Amazónica y Culito. Debo parecer que estoy muy nervioso y excitado a juzgar por cómo me miran. De todas formas eso es rigurosamente cierto.

Lidia, me voy a ausentar durante unos días. Tengo una cita importantísima en Herculano. Hazte cargo de todo. Ahora eres la directora general de la empresa. Si necesitas dinero, acude a la argentaria de Ratus. Te he autorizado a negociar en mi nombre.–

La chica se siente abrumada pero sé que es muy capaz de manejar todo el negocio. Se retira preocupada pero orgullosa.

Culito.– le digo ahora al muchacho– Tu vendrás conmigo. Me gustaría que viniese también tu Sulpinia para que conociera mundo pero no se encuentra en condiciones para un viaje tan largo en su estado. He sido invitado a cenar con Nerón. –

Su rostro es un poema.

–¿Tardaremos muchos días en volver? No me gustaría perderme el nacimiento de mi hijo. –

–Siéntate, chaval.–le digo de modo paternal.– No debes preocuparte. Está embarazada de cuatro meses. Supongo que sólo transcurrirán unos días entre la ida y la vuelta. Pero con ese individuo nunca se sabe. En todo caso, si se alargase la visita podrás volver por tu cuenta antes de que lo haga yo.–

No sé si le ha impresionado la noticia porque su cara no muestra ninguna expresión. Creo que se ha quedado alelado.

–¿Y cuantos meses son necesarios para que salga el niño? – me pregunta con preocupación.

–Normalmente nueve. Pero no te hiciste tantas preguntas para meterla, rufián. Ahora tendrás que aprender muchas cosas nuevas. A lavarle el culo, por ejemplo. Eso te pasa por jugar con las cosas de mear.–

Alguien vocea en la tienda. Por su voz de grulla creo reconocer a Popilia, la sirvienta favorita de Nerón.

–¿Qué gritos son esos en mi casa? – exclamo muy enfadado.

–¿Cómo se te ocurre gritarme, costurero de tres al cuarto? – la tía está en su salsa. Por primera vez no le beso el trasero. Ya no me hace falta. Ahora soy yo el que va a tener la oportunidad de conocer a Nerón en persona.

–Pues da la casualidad de que soy el dueño de todo esto ¿Qué te parece? –

–Te ha debido sentar mal el desayuno. ¿Acaso no ves con quien estás hablando? Esto llegará a oídos de Nerón. Ya te puedes ir preparando. –

–Por supuesto que llegará a sus oídos. Yo mismo se lo diré en la sobremesa de la cena que tengo previsto celebrar con él. ¿Quieres que le diga además que le estás sisando a manos llenas? –

La mujer cambia de color como un camaleón.

–¿Vas a cenar con el Emperador? – su tono ha cambiado también de repente. Ahora ya no grita, se limita a gemir como una hiena.

–Por supuesto. Y pienso decirle lo buena clienta que eres y lo simpática que me caes. Hija de la gran puta. –

Se recompone por un momento y vuelve a tomar una postura regia. Da media vuelta y se larga con viento fresco.

Me pongo de espaldas a ella, me levanto la toga y le expongo mi trasero en todo su esplendor.

–Me parece que es el momento de que me beses tu ahora el culo, para variar. –

Varias clientas que están en la tienda cuchichean entre ellas y sonríen disimuladamente. ¡Popilia humillada en público! ¡Ver para creer!

–¡Que se joda y trague su propia bilis! – dice una de ellas en tono más alto y que puedo oír perfectamente.

–Si quieres la sigo y le doy una buena paliza. – interviene el bruto de Sargentus

–¿Qué paliza ni paliza? ¿Estas tonto? Además le duele más la herida en el orgullo que las hostias que tú le dieras.–

Vuelvo con Culito.

–Prepara tus mejores ropas para el viaje y ve mañana con Excrementus a cortarte el pelo y adecentarte ese tonto bigotillo que te está saliendo. Tenemos que estar presentables. –

–¿Excrementus también viene con nosotros? –

–Sí, os necesito a los dos. Él parte ahora para Ostia para buscar un barco que nos lleve a Herculano. Saldremos en cuanto todo esté dispuesto.–

Ahora tengo que hacer algo de suma importancia. Voy a casa del Procurador Chupatintus, actuará como notario. Necesito que me firme unos documentos que serán fundamentales en un futuro.

Vuelvo al taller. Vitoria ya se ha puesto manos a la obra con las prendas que le he encargado. Dos muchachas le ayudan.

–¡Pero mira que eres pesado, Gilius! ¿No habíamos quedado en que tengo dos días de plazo? ¿A qué vienes ahora? –

–¿Tienes algunas ropas nuevas que podamos llevar Excrementus, Culito y yo? Debemos estar de punta en blanco cuando estemos ante Nerón. –

–No, pero busca entre las que están acabadas a la espera de que vengan los clientes que las encargaron. Se van a poner como fieras del circo cuando les diga que no están todavía terminadas. Pero no te preocupes, se manejar estos asuntos. No sería la primera vez. –

Escojo las que me parecen más bonitas.

–¡Desde luego que tienes un cuajo! – me reprende Vitoria  – De todo lo que hay colgado has ido a elegir las más horribles. ¿Acaso quieres ir haciendo la risión ante Nerón? –

–Pues escógelas tú. Ya sabes que para estas cosas tengo el gusto en el ojete. –

–Por Apolo que si no fuera por mí todavía estarías vendiendo retales en el mercado. –

Abre un armario de madera de dónde saca tres magníficas togas. Aunque a mí el color …

–¿Qué te parecen estas? Mucho mejor ¿No? – me dice mientras me las muestra.

–Son formidables. Pero tienen un colorido un poco apagado. –

–¿Apagado? Es el no va más en  cuanto a moda. ¡Blanco roto! –

–¿Blanco roto? ¿Qué ha pasado? ¿Quién ha sido? –

Me mira con ganas de darme una hostia de las que hacen afición. Pero se contiene y se limita a decir:

–¡Hombres! –

No sé de qué va todo esto de romper colores pero no va a quedar por encima de mí. Me estrujo el cerebro para encontrar una respuesta adecuada:

–¡Mujeres! –