Capítulo 5


Capítulo 5

                                                          Mi primer viaje

Durante un muy breve espacio de tiempo, me ha  parecido  viajar por una especie de túnel oscuro. Noto  cómo me he liberado de las correas que me mantenían firme a la silla. Salvo que me pitan un poco los oídos, no tengo ninguna sensación corporal ni mental digna de contar. Y de repente la oscuridad deja paso a la luz del día.  Huele a ganado y a humo de leña.  Respiro un aire muy puro al que no estoy acostumbrado. Si los cálculos de estos tipos son correctos, debo encontrarme en el siglo catorce. 


 

Gilipollas

Aparezco junto a un prado

todo mi vello está terso

no sé lo que habrá pasado

y clavado como un clavo

el lector ya habrá notado

que en este extraño universo

este relato ha cambiado

pues aquí se habla en verso.


Hállome junto a un paraje

de singular fermosura

veo un prado, buenos campos

blandas tierras, rocas duras

en donde dos vacas pacen.

Más cuando enfilo el camino

amanece, rompe el alba

a mí me importa un comino

pues no encontrando vecino

que servicial bien me oriente

donde dirigir mis pasos

para oriente u occidente

una moneda yo saco.

La lanzo al cielo impaciente

si es cara hacia Levante,

si es canto aquí me planto,

y si es cruz hacia Poniente.


En eso estaba pensando

cuando a poco de empezar

me parece oír llorando

mientras sigo caminando

a un muchacho o un zagal.


¿Qué hacéis gimiendo tanto?

Le pregunto al desdichado

¿A qué viene tanto llanto?

¿Qué bajo un sauce llorando

Desgrana tu desencanto?

Juglar

¿Qué me aturde preguntáis?


Gilipollas

Contesta el zagal hundido.

Mucho miedo en mi sembráis.

Quiero saberlo, os lo pido

¿Os atacó algún bandido?


Juglar

Ni bandidos ni lacayos

quitan a mis ojos luz.

Son lágrimas de caballo

las que llorando me hallo

pues he perdido el laúd


Gilipollas

¿El laúd decís?


Juglar

Trovador soy de postín

que cantando las proezas

de caballeros y altezas

surca caminos sin fin.


Más triste suerte la mía

que por querer aumentar

fama y bolsa, a fe mía

en total hace dos días

me lo he jugado al Parchís


Gilipollas

¡Lo perdisteis! ¿Cómo es eso?

¿Acaso no tenéis seso

y no sabéis que no debes

ir jugando con  enseres

ni tampoco con el sexo?


Juglar

Callad probo labriego.

no hurguéis más en mi dolor

pues a mí me ciega el juego

si queréis os cuento luego

cómo la cosa ocurrió


Gilipollas

Si os va a hacer algún bien

dispuesto estoy a escucharos

más sed breve, os lo ruego

presto el oído os entrego

sin ánimo de juzgaros


Juglar

¿Acaso mi vida os importa?


Gilipollas

Ni me importa ni me deja

he venido a aquesta tierra

para romper una queja

de lejanas asperezas

que una disputa encierra


Juglar

¿Un labriego como vos

con misión tan importante?

A mí me está pareciendo

que no siendo vos un infante

andando solo y no en colla

acaso me estés mintiendo.

¿Me tomáis por gilipollas?


Gilipollas

Es muy largo de narrar

el porqué de mi presencia

recorro hoy el lugar

donde ocurrió tal afrenta

para poder aclarar

una duda que regenta

y a dos familias enfrenta


Juglar

¿Qué dos familias son esas

por las que recorres sendas?

¿Acaso tenéis historia

más triste aún que la mía?


Gilipollas

Es una historia tremenda

que produce tal inquina

que han acudido a mi menda

para poder resolver

si son churras o merinas.

Nada más puedo contar


Juglar

No crea vuestra merced

que esa cuita a mí me importa.

Lo que me hace llorar,

como puede comprobar,

es ya no poder tocar

mi laúd. Y mi mujer

como se llegue a enterar

los huevos me ha de cortar


Gilipollas

Y contadme trovador

¿La porfía cómo fue?


Juglar

Si no lo impide el horror,

de recordar tal cagada,

la cosa bien relatada

de cómo perdí mi honor

con dolor le cuento a usted.


Venía yo de cantar

en la plaza de Batocas

una historia singular

de las que suelo contar


Gilipollas

¿En la plaza de Batocas?


Juglar

Un pueblo de Portugal.

Mas cruzando la frontera

sin haber cobrado na

se me ocurre, que lumbreras,

que me lo puedo ganar

tentando un poco al azar.


Encontréme en un pradillo

a dos gañanes arando

quíselos presto engañar

pues no les tardé en tachar

de ignorantes o pardillos.


Acerquéme jaranero

y les propuse la cosa

mostrándoles el tablero

del Parchís que está primero

y por debajo La Oca.


Pero comprobé más tarde

que la fortuna es aciaga

pues es la suerte cobarde

y antes de la media tarde

perdí hasta la casaca.


El de las fichas más verdes

cinco tras cinco que saca

y el otro, con las azules,

tampoco le va a la zaga.


Estando así la partida

yo con las rojas en casa,

pues por más que lo pedía

para ganar la porfía

a los santos y a mi tía,

el cabrón de cubilete

por más que lo removía

se me antojaba impotente

de sacar lo que debía.


Los otros a todo cisco

recorrían el tablero

y yo sin sacar un cinco.

Pero mi alma da un brinco

¡por fin me sale el primero!


Al volverme a mí el turno

agito mi cubilete

y recorro taciturno

como un mochuelo nocturno

mi ficha sobre el tapete.

Y mala suerte diréis,

pues mala follá la mía,

después de un seis otro seis

y tal y como temía

sale otro, el que hace tres


Gilipollas

¿Tres seises y a casa?


Juglar

Juradlo por el mismo Cristo,

así son las reglas malditas.

Mi corazón hecho cisco

con cara de basilisco

y en casa las cuatro mías.


Otro cinco de repente

me meten en la porfía

pero maldita mi suerte

el cabrón de las azules

con dos fichas hace un puente.


Allí quedo yo varado

mientras el verde inclemente

con solo tirar el dado

un dos y contóse veinte

pues mi ficha había cazado.


Y con el alma en un brete,

ambos corre que te corre,

teniendo todas las fichas

sacadas  a las casillas

cada vez que sale un seis

ellos que se cuentan siete.


Al final quedé sin blanca

pero cabezón, ves tú,

quise asaltar a la banca

pidiéndoles la revancha

y apostéme mi laúd.


Y los gañanes al menda

aceptaron nueva apuesta

se juagaron la merienda.

Partida volví a perderla

quedándose mi laúd

para el pago como prenda


¿Veis ahora porque lloro?

¿Acaso no os apena?

 He perdido mi tesoro

la honra y hasta el decoro

gimiendo como una nena

o la Santa Magdalena


Gilipollas

Ya veo que es un mal trago.

Pero tenéis merecido

que por querer comer higos

habéis perdido ducados

y vuestro laúd en prenda.

No me hallo  sorprendido

veros sin higos ni brevas.


Mas conozco aquestas guerras

del lugar donde difiero

hay en todas las tabernas

gentes perdiendo dineros

con artefactos de juego

que las llaman tragaperras.


Nada puedo hacer por vos

he de  seguir mi andadura

aunque quisiera el destino

que nos veamos los dos

a la vera del camino.


Y por cierto, buen juglar,

aunque llorando entretanto

¿Me podrías orientar

para llegar al lugar

que le llaman Raboblanco?


Juglar

Raboblanco es marquesado

en el que os encontráis.

Os noto desorientado.

Por lo que habéis preguntado

o aquí nuca habéis estado

o bien gilipollas estáis.


Gilipollas

Parad de insultarme, ¡pardiéz!

Aunque seáis trovador

a mí me sobra valor

para daros ostias diez

y si son once, mejor.


Juglar

No enojéis el carácter

Labriego de baja estofa.

Pues juglar soy rutilante

nada en el mundo me enoja

que aguantaros tal desplante


Gilipollas

Indicadme presto pues

donde puedo conocer

al mencionado marqués

pues debo tratar con él

cosas de gran interés


Juglar

Continuad el sendero

que conduce a la alameda.

encontrareis un cartel.

Tomad la ruta certera.

A la izquierda Portugal.

más si viráis a derecha,

a no mucho más tardar,

tus huesos van a parar

al castillo del Marqués.

Os lo indico claramente

por si no sabéis leer.


Gilipollas

Quedo a vos agradecido

del servicio que me hacéis.

Gusto haberos conocido

os auguro que tendréis

lo que tengáis merecido.


Que sigáis muy buen viaje,

díceme el juglar luego,

que tan leve de equipaje

a pesar de su linaje

le dejó el vicio del juego.


Para  decir la verdad,

me parece un personaje

que sobrado de maldad,

preciso es precisar

lo es también de coraje.


Con su amor esa del juego

no le fío buen futuro.

Pero importándome un huevo

pongo la mano en el fuego

este acaba mal. ¡Seguro!


Continúo mi camino

derecho hacia la arboleda

pero mis pasos detengo

debajo de aquella higuera.

De hambre ando canino

para comer pan y vino

que saco de la talega.


En lo mejor del almuerzo

veo a otro que acechando

detrás de frondosos brezos,

a poco más de dos trechos,

me parece estar fisgando.


¿Quién sois y que miráis?

Afanoso le interpelo.

Pues no he podido evitar

que leviten mis cabellos

a consecuencia del miedo


A vos no ando fisgando.

Me responde con voz tosca

¿Acaso no veis las moscas

Que a mi lado están volando?

Si, héme fijado en ellas


Hortelano

Pues muy clara está la cosa

Deducid que estoy cagando

Parapetado en las rocas

Eso es blanco y en botella


Gilipollas

Pues por mí no os cortéis,

seguid con vuestra faena.

Y para aliviar las penas

os invito, si queréis,

a probar mi Cariñena


Hortelano

Pardiéz que sois un encanto

pues dejáis mi alma plena.

Ahora mismo me levanto

y me limpio con un canto

lo que el ojete me llena


Gilipollas

Cuando se hubo acercado

Sentóse feliz a mi vera.

Más, con mirada severa,

sus manos estoy mirando.

Tienen un color muy pardo,

si no es barro, eso es mierda


Hortelano

No os conozco, labriego.

Vos no sois de por aquí.

Pero llenadme, os lo ruego,

un buen vaso de ese vino

que generoso ofrecís


Gilipollas

Forastero de aquí soy,

Tras el Marqués yo me hayo.

He llegado presto hoy.

Para tratar con el voy

un asunto que me callo


Hortelano

Mala cosa ese marqués,

pues hablan las malas lenguas

que al derecho y al revés

tarde o temprano verés

que es ruin, se ve a la legua.


Más no es marqués todavía

anda enredado en porfía

con el Martín, a fe mía,

hombre que con felonía

desde ha tiempo ya quería

casarse con la marquesa.


Es ella la que posee

el título y  marquesado

de su padre que ha heredado

y será también marqués

con que se hubiere casado.


Y así andan a la gresca

los de Nuño y los Martín.

A porrazos, gente terca,

para saber quién por fin

a la marquesa quien pesca


Gilipollas

Acabada la comida

Se retira el hortelano.

Rara es su bienvenida.

Contemplo que se retira

rascándose el muy marrano

lo que viene a ser el ano.


Presuroso, pues es tarde,

pongo fin a mi festín.

Antes de llegar la tarde,

os lo juro por mi madre,

deseoso estoy por fin

de verme con el ruin.


Tras una loma diviso

un caserío curioso.

Dos caballeros he visto,

con sus espadas al cinto,

salir de allí presurosos.


No ha de ser uno muy listo

ni ver las cosas con lupas

para saber que lo visto

no es el hogar del Obispo

sino una casa de putas.


Quédome muy sorprendido

al contemplar los antojos

de siglos es bien hermosa

el señalar esas cosas

con farolillos bien rojos.


Hacia allí que me dirijo.

Crúzome por el camino

a los dos ya susodichos

tratandome como a un bicho

pues les importo un comino


Dejad paso labrador.

Me gritan con mala geta

Partimos hacia una gesta

Para buen entendedor

Muchas palabras son estas


Apártanme con desdén.

Yo en sus caras aprecio.

Pues si es por mí que les den.

Así los pillara un tren,

no me ofende su desprecio.


Ambos su marcha detienen

Y se muestran junto a mí


Caballero

¿Quién sois y a que venís?


Gilipollas

Forastero soy señor,

digo al galán adonis,

para enmendar un error,

que hablando con tu señor,

es urgente discernir


Caballero

¿Mi señor? ¿Don Nuño?


Gilipollas

¿Don Nuño? Se llama acaso


Don Nuño de Braganza, sí

Legítimo propietario

Del aqueste Raboblanco

Díceme el gran vasallo

Sin bajarse del caballo


Caballero

No pensareis, querubín,

que acaso sea mejor

que el marqués sea Martín

al que vamos a partir

la crisma, o qué se yo


Gilipollas

No conozco la disputa

que enfrente a ambos lores.

Más si vos sois de Don Nuño

acrecienta mis temores

que don Álvaro es  un tuno


Caballero

¿De qué Álvaro me habláis?

¿Quién es el tal caballero?

Porque, ya que lo nombráis,

hemos de saber primero

vos de qué lado estáis


Gilipollas

De ninguno gran hidalgo.

Yo no entiendo de disputas.

Antes de cantar el gallo,

me veréis desde el caballo,

entrar en  la casa de putas.


Dejándome la sospecha

se marchan los caballeros

de que salvé mi cabeza

al no darles la certeza

de los dos a quien prefiero.


No teniendo quien me ate

por  ser vasallo de nadie,

resolver este dislate

que parece un disparate

¡Para mí que aquí hay tomate!