Capítulo 3


Capítulo 3

                              The Pensilvania News Tymes & Horizonts


Entro decididamente en el edificio. Pero no he conseguido dar más de cinco pasos cuando una especie de gorila con gorra y uniforme gris me agarra de la nuca, me hace girar ciento ochenta grados y me orienta nuevamente hacia la puerta.

Me propina tal patada en el culo que salgo a la calle sin tocar las escaleras de la entrada. Los zapatos se han quedado estáticos en la baldosa maldita en donde he recibido la bienvenida.

Pero a mi estos tipos no me impresionan en absoluto. Me armo de valor y vuelvo a subir las escaleras dispuesto a todo. El vigilante permanece en el umbral para ver si tengo narices de volver a entrar. ¡Por supuesto! ¿Qué se habrá creído? A un español no se le trata de cualquier manera.

Cuando estoy a punto de subir el último peldaño me pongo de rodillas ante él y lloriqueando le enseño mi pasaporte y la carta de Mister  Patterson. 

-Por favor señor hombre – le imploro- déjeme usted entrar. El señor Patterson me espera. Tengo cita con él.

Una chica rubia de bote, típicamente americana, se asoma a la puerta para ver qué está ocurriendo. Me observa curiosa y se dirige a mí en perfecto castellano.

-¿Es usted Juanvi? Le esperábamos ayer. Mister Patterson está francamente enojado. Nunca nadie le había hecho esperar tanto.

-Pues ya ve, cosas de los vuelos. El mundo de la aviación está cada vez peor. –Intento excusarme. El gorila se aparta a un lado y esta vez me deja el paso libre observándome con muy mala cara. Entro al edificio acompañado de la muchacha. Toma un teléfono que hay sobre un mostrador.

-Avisen a Mister Patterson. El Señor Juanvi ha llegado. –dice a alguien al otro lado del aparato. Me invita a sentarme sobre un sillón que hay en la misma recepción. Antes de colgar saca un ambientador y rocía la estancia de perfume.

-Debería usted haberse aseado un poco antes de venir, el vestuario no parece el adecuado. Usted sabrá, pero no hay tiempo para solucionarlo. El asunto que le trae a usted aquí es lo suficientemente importante como para no demorar la entrevista.

 -Comprendo señorita. Es una larga historia. Le aseguro que tengo ropas algo mejores. – le digo.

Se abre la portezuela de un ascensor y aparece un chico larguirucho. Me observa de arriba abajo.

-¿Es este el señor Juanvi?- Pregunta a la recepcionista señalándome con el dedo.

-El mismo. – respondo sin dar tiempo a la chica a contestar más allá que un gesto afirmativo con la cabeza.

-Bien, señor – me dice el chaval- acompáñeme, por favor.

Le sigo hasta el ascensor pero el muchacho cambia de idea.

-Mejor subimos por las escaleras. La cabina del ascensor es pequeña y además no tiene extractor de aire. 

Llegamos a la primera planta subiendo unas escaleras de mármol blanco. Es una estancia lujosa acorde con todo el edificio. El chico golpea ligeramente con los nudillos una puerta de roble.

-Adelante- escuchamos desde el interior. El muchacho se asoma al despacho sin llegar a entrar.

-Mister Patterson. El Señor Juanvi está aquí. 

-Bien. Pues que pase. –Dice el tipoPenetro en el despacho hecho un manojo de nervios. 

Mister Patterson está sentado en un soberbio escritorio de aspecto clásico. Todo el despacho está recubierto de maderas preciosas. Por una ventana entra una cálida luz que da a la estancia un aspecto acogedor a pesar de su desorbitado lujo. El hombre se levanta para saludarme. Hace un gesto para estrecharme la mano pero se arrepiente en el acto alertado por mi aroma. Un individuo con gruesas gafas, semblante serio y aspecto de chupatintas permanece en pie a su lado. Debe ser su secretario, consejero o algo asíYo permanezco rígido en mitad de la habitación.

-Buenos días tengan ustedes. Disculpen mi aspecto. No he tenido apenas tiempo para adecentarme un poco. – Mister Patterson me sonríe. Es un hombre con apariencia típica de magnate americano aunque noto algo raro en él que no sabría definir. Debe tener unos sesenta años. Algunas canas le dan un aspecto sobrio pero afable. Su rostro, con mofletes colorados,  causa una impresión de hombre amable. Me habla:

-Juanvi, andábamos buscando al hombre perfecto para desempeñar el trabajo que le ofertamos- Su español es impecable salvo que el acento es extraño. No parece norteamericano. El otro no parece muy de acuerdo con las palabras de su jefe

– En esta empresa es fundamental el sentido del tiempo y la puntualidad. – Continúa diciendo- Fíjese que lo pone hasta en el nombre: New Tymes. Pero por su aspecto y el desparpajo que demuestra presentándose de esa guisa,  estoy convencido de que es usted… ¿Cómo diría? – pregunta a su secretario que le cuchichea algo en voz baja al oído- ¡Gilipollas!, eso es. Es usted un auténtico gilipollas.

-Mister Patterson, podría explicarle la razón por la que me encuentra usted en este estado lamentable. Pero me temo que ya se ha llevado usted la primera impresión y eso ya no tiene arreglo. –Vuelve a levantarse del sillón

-Al contrario. Su puesta en escena es magistral. Ha conseguido impresionarme gratamente. Estábamos buscando a un gilipollas suplente y por Dios que lo hemos encontrado.

-¿Gilipollas suplente? – Pregunto - ¿Qué es todo esto?

-Cálmese. Tendrá las explicaciones necesarias a su debido tiempo. Ahora le acompañará Bobby, el botones que le ha traído hasta aquí, a su habitación donde podrá tomar un baño y descansar unas horas. –Pulsa un botón de un cuadro de mandos que tiene en su mesa

-Señorita Brenda, encarguen un vestuario adecuado para el señor Juanvi y muéstrenle su habitación. – Luego se dirige a su secretario:

- Concierte una cita con el señor Marqués de Raboblanco para esta misma tarde. Dígale que ya tenemos aquí a su hombre. 

El secretario asiente y sale del despacho si dejar de observarme y guardando cierta distancia.

-Bueno Juanvi, a partir de ahora ya es usted un miembro más de la Corporación. Hablaremos tranquilamente cuando descanse un poco. Brenda es nuestra secretaria de dirección. Ella le podrá al día de los horarios. A las cuatro de la tarde en punto tenemos una cita en este mismo despacho para exponerle cual va a ser su trabajo, firmar los contratos y mantener una primera entrevista con este importante cliente. El Marqués de Raboblanco, para el cual trabajará durante una temporada. Pero antes de eso nos veremos en el comedor donde charlaremos acerca de la Empresa y su trabajo –Me hace un gesto para que me retire

- Y si necesita ir al aseo, le aconsejo que no escriba garabatos en los azulejos. –Me deja estupefacto y ante mi cara de asombro añade – Aquí sabemos muchas cosas acerca de usted. ¿Acaso cree que lo elegimos al azar?

Fuertemente impresionado, me dejo llevar por los acontecimientos. La idea de poder tomar una ducha y vestirme con ropas que no me piquen como un hormiguero de termitas me seduce enormemente. Además, el tal Mister Patterson me ha parecido un hombre amable y cordial. Aparte de que me haya llamado Gilipollas en mi jeta, el resto me ha hecho sentir bien.

Subimos a la segunda planta. No tiene el mismo lujo que la primera pero es también magnífica. Cuento unas ocho puertas. Todas ellas cerradas. El botones abre una de ellas. Me invita a entrar en la habitación y me entrega las llaves. La estancia no está nada mal. Una habitación con cama, una sala amueblada con una mesa, varias sillas y un sofá. Cortinas elegantes y ¡Un cuarto de baño con una ducha increíble!

El chico desaparece sin mediar palabra. En menos de lo que se tarda en decirlo, me he quitado la ropa y me doy una buena ducha. Oigo como alguien llama a mi puerta.

-Un momento, estoy en el baño.

-Soy Brenda, le traigo sus ropas nuevas –Me dice una voz femenina muy dulce.

Salgo de la ducha y me pongo un albornoz. Mis pies mojados dejan huellas en la moqueta.

-Entre, Brenda. Disculpe que la reciba así

-No se preocupe – En sus manos leva un par de trajes completos envueltos en una funda. El botones trae también zapatos de calidad, ropa interior y una caja de cartón de tamaño mediano que no sé lo que contiene. Lo dejan todo impecablemente colgado en un armario ropero que hay en la habitación donde está la cama.

-Aquí tiene todo lo necesario para arreglarse convenientemente. Recuerde que tiene una reunión a las dieciséis horas en punto con el señor Patterson. A las catorce horas baje a la planta baja. Allí está el comedor de la empresa. Durante la comida le presentaré al resto de sus compañeros.  Descanse ahora un poco si quiere –Hace una pausa - Sea puntual. Aquí el tiempo es mucho más que oro. Y abróchese el albornoz con el cinturón.

Vuelvo a la ducha para terminar de lavarme convenientemente y me afeito a fondo. Después me visto con las elegantes ropas que me han traído y me dejo caer en el sofá para descansar y meditar un poco. Me ha reconfortado el baño y el disponer de una vestimenta que seguramente es carísima.

Al cabo de un rato bajo por las escaleras. Son las dos menos cinco de la tarde. Esta vez no llegaré con retraso al comedor.

Entro en la estancia y no hay nadie todavía. Tan solo una mesa alargada y siete sillas de aspecto clásico. Un gran mantel y varios servicios de cubertería y vajilla colocados escrupulosamente sobre él.

Llego a la conclusión, al contar las sillas, de que debemos ser una plantilla reducida. A lo sumo seis si no han puesto mi silla correspondiente o siete si ya lo han hecho. La primera persona en aparecer es el fulano que me dio la patada en la puerta. Se acerca a mí sonriendo.

-¿Qué pasa macho? ¿Tienes hambre pues?– Me dice con acento claramente vasco mientras me da una tremenda palmada en la espalda. Sin esperar mi respuesta se sienta en una de las sillas.

-Después del recibimiento que me has hecho al entrar ¿A qué viene este compadreo? – Le digo mientras otra persona entra también en el comedor. Es Brenda, la secretaria de dirección.

-Hola Juanvi. Ahora ya tienes mejor aspecto. Veo que ya conoces a Antxón, nuestro conserje. Un gran tipo.

-Sí, señorita Brenda, grande es un rato largo.

- Jajaja. No me llames Brenda. Esto es sólo un paripé. Aquí somos todos españoles. Pero de cara a la galería usamos nombres más americanizados. Yo me llamo Lola. Soy de Valladolid. – Y toma asiento al lado del tal Antxón.

-¿Qué farsa es todo esto? ¿Dónde me he metido? – Estoy confuso.

-Todo a su tiempo – me contesta Brenda, o Lola o como quiera que se llame.Mira, ese que entra es Manolo, el asesor científico de la Organización. Ya lo conoces porque estaba en el despacho con Mister Patterson.

-Hola picha. Encantao de vorverte a vé -  Para asombro mío se quita las gafas de culo de vaso y las deja sobre la mesa – Estoy hasta los cohone de estas gafas. Ar finá me vi a quedá siego por llevá esta mierda  - Si este no es de Cádiz, poco le debe faltar. Bueno, ya sólo deben quedar tres. A ver qué sorpresita me llevo. Últimamente salgo de una y me meto en otra.

La chica rubia que me recibió en la escalera aparece ahora en la estancia con el botones.

-Hola Juanvi, soy Mari Tere. De recepción. Y este es Paquito, el botones y chico para todo. Antes no nos hemos podido presentar correctamente por culpa de las prisas. – Me observa de arriba abajo -  Ahora tienes mejor pinta que hace un rato ¡Había que verte con tu vestimenta de mendigo y la peste que traías macho!

-Hola Mari Tere. Encantado de volverte a ver. Supongo que tú tampoco eres americana. – Le pregunto.

-¿Americana? ¡Qué cosas tienes! Soy maña. Del mismo Zárágózá. – Me dice acentuando todas las vocales, como buena maña. Ya me lo había imaginado por su acento.

-Siéntate a la mesa, Juanvi – me dice Lola señalándome una de las sillas.

Aparece una pareja con una gran fuente de comida, varias botellas de vino y pan.

-Good afternoon – saludan mientras colocan todo en la mesa perfectamente ordenado.

 -Good afternoon and tank you,  – les contesta Lola con perfecto acento de Nueva YorkYo no sé cómo es el acento de Nueva York pero lo pongo aquí para hacerme el interesante.

¿Esos también son españoles? – Le pregunto a Lola.

¿Qué ostias van a ser españoles? – Me contesta Antxón- Esos son del cáterin. Anda la Hostia que despiste llevas, amigo. 

-Yo que sé. Esto parece más una casa de locos que una empresa como Dios manda. –Los del cáterin han terminado de poner la mesa y se largan por donde han venido. En un reloj de pared comienzan a sonar las 14 horas en punto. Aparece otro tipo al que reconozco en el acto. Mister Patterson.

-Hay que joerse que manía tienes con la puntualidad. Contigo no hace farta reló – Le dice jocoso el tal Manolo.

-Vete a tomar por saco, Manolo, siempre estás con lo mismo. Claro que hay que ser puntual dedicándonos a lo que nos dedicamos – Le contesta Mister Patterson mientras me tiende la mano.

-Bueno, Juanvi. Pues ya estamos todos. Esto es The Pensilvania News Tymes & Horizonts. Y como habrás adivinado yo de Mister Patterson no tengo nada. Soy Patxi Parazabaleta. Del mismo Bilbao. Y ese bruto de Antxón es mi hijo.- Tras estrecharme la mano se sienta también a la mesa. A comer pues, que hay hambre – continúa  mientras todos se van sirviendo de una fuente llena de fabada.

-¿Qué te parece Juanvi? –Me dice el Patterson de pacotilla con la boca medio llena- ¿Asombrado?

 -Pues no sé qué decir señor Patxi, la verdad es que no entiendo nada.

-Para ti soy Patxi a secas. En esta empresa nos tuteamos todos. Pero sólo cuando no hay moros en la costa. A la vista de todo el mundo somos Mister Patterson, Mister Anthony, Brenda, Lorys, Bobby y  Junior. En este país es importante aparentar lo que no se es. –Me explica.

-¿Y cómo se supone que me debo llamar yo a partir de ahora? 

-Juanvi. Tu nombre no necesita ser cambiado porque tu papel es distinto. Ya te lo explicaré luego, cuando terminemos de comer y tomemos un buen café.

Y efectivamente, al terminar la comida, muy buena por cierto, todos van abandonando el comedor, salvo Patxi, alias Mister Patterson, Manolo el supuesto científico y yo. El jefazo Se pone en pie y abre una puerta corrediza que da acceso a una pequeña sala con varios sillones y una mesa auxiliar para tomar el café y un hornillo eléctrico. Me invita a entrar en ella y a sentarme. Enciende una cafetera, sirve dos cafés y comienza a explicarme.

 -Verás Juanvi. Conocí a Manuel  por circunstancias que no vienen a cuento. Él es un científico de primera, ahí donde lo ves. Ha desarrollado una máquina que es capaz de llevarte atrás en el tiempo. – Bebe un sorbo de café y continúa – Después de convencerme de que funcionaba a las mil maravillas me propuso fundar una empresa para explotarla. Yo no estaba muy convencido pero pronunció las palabras mágicas que nunca se le deben decir a aun vasco: “¿A que no hay huevos?”

¿¡Una máquina del tiempo!? – Exclamo asombrado.

-Efectivamente. Llevamos algún tiempo establecidos aquí. Nuestro trabajo sirve para investigar datos del pasado y ponerlos a disposición de Universidades, Organismos de Estudios Históricos, y clientes particulares que nos contratan todo tipo de trabajos de investigación personal.

-¿Y qué pinto yo en todo esto?

-Verás, recientemente, un Marqués de Salamanca, el Marqués de Raboblanco, nos contrató para conocer el origen de su linaje. Este tipo de clientes son muy rentables porque son capaces de pagar grandes sumas para luego justificar y presumir de sus títulos y rancios abolengos ¿Me sigues?

-No del todo, pero continúa.

-El caso es que necesitamos a un hombre que esté dispuesto a viajar al pasado, en este caso concretamente al siglo catorce,  para conocer cómo su antepasado llegó a ser marqués. Y ese será su papel en todo esto. Indudablemente necesitamos a un gilipollas que esté dispuesto a hacerlo. Y ese eres tú. – Y se queda tan ancho, oye.

-¿Y eso es peligroso para mí? 

-En absoluto. Ya tuvimos a otro gilipollas. Enrico. Un italiano que viajó al Sultanato de Maradhá. Su misión era un encargo de la Sociedad Puritana de Azhurem, Jordania.  Y se trataba de infiltrarse como eunuco en el harén del Sultán e investigar cuales de sus concubinas le estaba poniendo los cuernos. – Toma otro sorbo de café y continúa.

-Lamentablemente se nos olvidó castrarlo previamente y el cacho cabrón ahora se niega a volver. Por lo visto se las está cepillando a todas. Las buenas noticias es que ya sabemos quién le puso los cuernos al Sultán.

Me levanto del sillón alarmado.

-¿Caparlo? Muy bien. Pues no cuentes conmigo. ¡Hasta ahí podríamos llegar! ¡Amos, no me jodas tu ahora! Me largo.

-Picha, no seas malaje. Que no te va pasar na- interviene Manolo – Ar fin y ar cabo son gajes del ofisio. Pero pa tu misión no hay que córtate na de na.

-Mira Juanvi, esto funciona de la siguiente manera- me vuelve a hablar Patxi – Te enviaremos al pasado. Siempre como un ser anónimo y vulgar. No serás nunca ni rey ni caballero ni nadie con el más mínimo poder o influencia. De ese modo no pondrás en peligro el futuro alterando acontecimientos importantes. Serás como una mierda, por decirlo claramente.

-Claro ¿Y qué más?  - Estoy muy disgustado con todo esto.

-Nada más. Tu trabajo será investigar todo lo necesario para aclarar el pasado correspondiente y luego volver, hacer un informe y esperar la próxima misión. Eso es todo.

-Muy bien. Y supongo que ahora me enseñarás la pastillita roja y la azul para que elija como en Matrix ¿no? – Estoy a puntito de mandar a los dos a tomar por saco.

-No Juanvi. Algo mejor y que nadie podría rechazar por muy gilipollas que sea. - Pone encima de la mesa un papel. Es un contrato a mi nombre por cien mil euros anuales.  Me observa para ver cuál es mi reacción.

No sé si me han echado algo en el café, si me dejo llevar por esa enorme cantidad de ceros que hay escritos, porque soy gilipollas o por todo a la vez.  El caso es que estoy firmando. Cuando acabo, Patxi lo toma y lo guarda en el bolsillo de su americana. Me estrecha la mano.

-No te arrepentirás – me dice. Ambos se ponen en pie y se disponen a abandonar la salita.

-Esta tarde vendrá a las 16 horas el Marqués de Raboblanco. Te dará detalles acerca de lo que debes hacer y después te prepararemos para el viaje. Sales esta misma noche hacia el siglo catorce. Y otra cosa, fuera del comedor y de esta sala, soy Mister Patterson y a los demás también les debes llamar por su pseudónimo. Hay que guardar las apariencias. ¿Comprendido?

-Sí Mister Patterson – Le digo todavía confusoSe vuelve hacia mí y me da una palmada en la espalda al estilo de su hijo Antxón. Ya veo que de casta le viene al galgo.

Pues nada, parece que me ha aceptado en la empresa con un cargo de extrema responsabilidad, tal y como ponía en el anuncio. Soy nada más y nada menos que el gilipollas suplente. ¡ Hay que joderse qué cosas me pasan !. 

Pero mira, por lo menos está mucho mejor pagado que el trabajo que tenía antes. Y seguro que todo eso de los viajes al pasado es una chufla. Debe ser una especie de novatada que me han gastado para echar unas risas. ¿O no?


© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.