Capítulo 11


Capítulo 11

           Los celos de Don Nuño


Don Nuño

Abrid presta ya la puerta.

Así lo exijo a vuecencia.

Ordenadlo a la doncella.

Lo juro por mi conciencia

se me agota la paciencia.


Doncella

¿Qué hago ahora, Señora?

Pues he de verme de luto

si en abriendo aquesta puerta

aparece aquí este bruto.


Marquesa

Suena mi voz lastimera.

Mas ya tomé decisión,

que aunque no sea certera,

abrid presta ya el portón

y sea lo que Dios quiera.


Doncella

Dejad ya de aporrear

La puerta, señor don Nuño.

Como podéis comprobar,

si dejáis en paz el puño,

la abro, podéis entrar.


Don Nuño

En vuestra alcoba me adentro

con el permiso de vos

y me postro muy atento

suspirando vuestro aliento

cual aroma de alcanfor.


Doncella

Falto andáis vos de finura.

Al cuarto de mi señora

penetráis como una ola.

Que pareciese un Mihura

entrando a puerta gayola.


Don Nuño

Vieja bruja entrometida

no me llaméis a porfía.

Marquesa, decid querida,

¿Cómo la noche y el día

soportáis aquesta harpía?


Marquesa

No paréceme adecuado,

entréis en mi habitación

golpeando y voceando

comprometiendo mi honor.

¿No tenéis educación?


Don Nuño

No me lo tomes a cuenta.

Son las cosas del amor.

Mancillar de vos honor

no fue nunca mi intención.

Mas subo a la habitación

por sospechar de traición.


Doncella

No son formas, caballero,

sofocada yo me hallo.

¿No deberías primero

enviar algún vasallo

que me avisare altanero,

bien a pie o a caballo,

cual servicial mensajero

vuestra visita ¡Carallo!


Don Nuño

Me contengo en contestaros.

No pierdo tiempo con vos.

La lengua he de cortaros,

y lo digo sin reparos,

si no calláis vuestra voz.


Doncella

En mí no tenéis el mando.

Sólo sirvo a mi señora.

Mas me lo estoy yo pensando,

viendo cual aterradora

vuestra espada está colgando,

si he de callarme… me callo.


Don Nuño

Decidme presta, señora,

Pues mosqueado me hallo.

De vuestra ventana ahora,

donde mi señora mora,

una escalera colgando

vi yo desde mi caballo.


Mi cara quedóme mustia

Al pensar en qué se yo.

E invadióme tal angustia

cegado por la pasión

de que hubiese aquí un señor.

¡Un señor que no soy yo!


Marquesa

¿Un caballero en mi alcoba?

He sido ciega hasta ahora.

Vuestro amor a mí no adora.

Nuño, me estáis insultado.

Y os pregunto presta ahora:

¿Por quién vos  me estás tomando?


Don Nuño

No hay montaña ni campo

más grande que mi vergüenza.

Si os estoy insultado

con mis arteras bajezas

vos misma estaréis notando

que se me fue la cabeza.


Doncella

Si hombre. ¡Vaya por Dios!

Estais muy perjudicado

por los celos del amor.

Pues os habéis figurado

acaso hayan entrado

Un hombre, o tal vez dos.


Marquesa

Leonor, ni fiel doncella

dejad de tentar al juego.

Mediando en esta querella

echando más leña al fuego.

Y vos, Don Nuño, marchaos

os lo mando y os lo ruego.


Don Nuño

Perdonadme, mi señora,

Si os he soliviantado.

Mis celos vieron la hora

de actuar sin más demora

pues soy hombre enamorado.


Doncella

Habéis de saber, mi ama,

que este bruto cachalote

está buscando en la cama

más que el amor de una dama

la cuantía de su dote.


Don Nuño

¡Os juro por Satanás

he de cortaros la lengua!

¡Que Dios mi espada detenga,

pues no aguanto tal afrenta

y voy a desenvainar.


Marquesa

Dejad en paz a mi  sierva.

No son formas, caballero.

Antes que mi sangre hierva

del coraje que me enerva.

Me tratáis como una cierva

en las jornadas del celo.


Don Nuño

Razón tenéis, mi señora.

Y ahora reparo en ello.

Mas aprovecho que ahora

la tengo asida del cuello,

responda sin más demora

con el último resuello

la pregunta que me atora

y muero si no resuelvo.


Doncella

Soltadme ya, querubín

pues estáis haciendo daño.

¿Qué pretendes vos de mí?


Don Nuño

Saber si hay un engaño.

¿No habréis visto por aquí

al necio de Don Martín?


Marquesa

Con él mi tiempo no pierdo.

Si le he visto, no me acuerdo.

Marchaos sin dilación

pues es noche muy cerrada.

Me tenéis bien enojada.

salid de mi habitación

y soltad a mi criada.


Don Nuño.

Así lo haré. Perdonadme.

Ved como suelto a la bruja.

Pero antes de marcharme

duda has de despejarme

que  mi corazón estruja.


Marquesa

En su momento debido

habréis de tener sabido

lo que tenga decidido

con respecto a mi marido.


Don Nuño

¿A que vienen esas dudas?

¿Acaso no tienes claro

que tendremos la ventura

de vernos los dos casados?

Me turba, he de avisaros…


Marquesa

Dejaos de tanta lisonja

pues no tengo decidido

si seréis vos marido

o he de meterme a monja.


Doncella

Hay le has dado, Rosalba.

Con vuestra mirada tierna

y tristeza sempiterna

este esta noche se larga

con el rabo entre las piernas.


Don Nuño

Pues observad mi puñal,

el que mi mano sostiene.

Compañero servicial,

ha de servirme cabal

siempre dispuesto a matar.


Doncella

Pues si os lo vais a hincar

en el pecho o en la tripa

no os debéis demorar.

Un segundo ya es tardar,

en mataros, daos prisa.


Don Nuño

¿Quién os asegura a vos

que he de ser el primero

cuando estando aquí las dos

un hombre muerto de celos

cometa crimen atroz

que comenzando por vos

rodares muerta en el suelo?


Pues por todos los demonios

que conozco mi destino.

Esto acaba en matrimonio,

cuando sea convenido,

o acabo  recluído

en prisión o  manicomio.


Doncella

¡Hay que joderse! Marquesa

lo que son estas costumbres

de ir matando las piezas

si a alguien no le interesa

quedar en la incertidumbre.


Don Nuño

Parece que habéis hablado

Como si no fuera nuevo

lo que le habéis relatado.

¿Acaso en aquesta noche

otro hombre despechado

os hubiera amenazado?


Doncella

Heme ya acostubrado

a tratar con caballeros,

artesanos y escuderos

que a la que le dices nones

sacan prestos los aceros

y amenazan altaneros

con matarse, mas primero

quieren por sus santos huevos

cargarse a otros primero.


 Don Nuño

Son cosas muy masculinas

resolver estos inciertos

matar a diestro y siniestro

cuando bocas femeninas

no dicen a ciencia cierta

que el amor de hombre acepta.


Doncella

Pues no sé yo que deciros

pero llaman a la puerta.

Así que vos decidiros

pues presta he de advertiros

que si no os dais el piro

la abro y la dejo abierta.


Maquesa

Están llamando con saña

Escondeos, os lo ruego.

Pues será de mal avío

que me viesen sorprendida

en mi alcoba con un tío.


Comendador

Abrid Marquesa Rosalba

Pues es asunto importante.


Marquesa

¿Y qué es tan imperante

lo que tenéis que decir

que no tengáis un instante

y mañana, Dios mediante,

me lo podáis referir?


Comendador

El informaros que al alba

tendréis que ser complaciente

y recibir con gran gala

al Tutor de los Infantes

Pues viene ya de camino,

al parecer impaciente

para cerrar con atino

vuestra boda, es urgente.


Marquesa

Presto escondeos, Don Nuño

Por mi honor y por mi fama


Don Nuño

No os preocupe, Marquesa.

Por el honor de mi dama

has de verme con destreza

meterme con ligereza

debajo de vuestra cama.


Doncella

¡No!  pues es sitio socorrido

cuando un hombre acojonado

busca no ser sorprendido

por maridos engañados.


Don Nuño

Pues razón a vos os sobra

¡Eso es de diccionario!

Y me llena de zozobra.

Que tonto he sido ¡Diantre!

al no haber mirado antes.

Me esconderé en el armario.


Comendador

Abrid, señora, os repito.

Está conmigo el Obispo.


Marquesa

Pues me pilláis de imprevisto.

Esperad. Ahora me visto.


Doncella

En el armario no puedes

meter tu panza, Don Nuño.

Pues es mejor si quisieres,

para salvar a tu dama

saltares por la ventana.


Don Nuño

Ni pensarlo. ¡Qué diablo!

Ya lo tengo decidido.

No voy a ser sorprendido.

Y al verme comprometido:

Yo me meto en el armario.


Doncella

¡Señora que se ha metido

en el armario ropero!

Donde se halla escondido

Don Martin, el caballero.

Pensar y pensar no quiero

si debajo de la cama

mirase hubiere primero

y hallase sorprendido

tembloroso a mi escudero.


Marquesa

Abrid la puerta ligera

pues en entrando el Obispo

junto con el judiciario

no ha de haber escandalera

desde dentro del armario.


Doncella

Abro sin hacer requiebro

al Obispo, su eminencia.

Yo ya no sé lo que pasa

pero es equivalencia

entren a su residencia

como Pedro por su casa.


Marquesa

Abrid sin hacer reproche

¡Joder que menuda noche!