Capítulo 10


Capítulo 10

             A la luz de la luna


Doncella

Señora ya veo a uno

subiendo por la escalera.

Es el escudero tuno

cantando su escandalera

el que trepando aquí llega.


Marquesa

El que un desconocido

entre en mis aposentos,

por faltar al Sacramento,

no es a los ojos de Dios

cosa de satisfacción.


Doncella

Pues debe ser el diablo

y no las cosas de Dios.

Pues ándome yo mirando

y después de recontarlo:

que no es uno. ¡Son dos!


Don Martín

Ya que por eso subiste

de los dos el que es primero

tened la prudencia en ristre

asomaros, escudero

y decidme lo que viste.


Doncella

A mis brazos presurosos,

trovador de mil cantares,

entrad y sed bien gozoso

con tus versos bien fermosos

en buen lugar os hallares.


Gilipollas

¡Deteneos don Martin!

No subas más la escalera

Pues ¿Cómo yo os lo dijera?

Una que me pareciera

o ser momia o ser fiera.


Doncella

No decís frases fermosas

a una dama como yo.

Echo de menos el tiempo

que sirvientas y escuderos

se decían otras cosas

con un clavel o una rosa?


Marquesa

¿Acaso ves educado

el llegar hasta la alcoba

y teneis por adecuado

acosar a una señora

así como si tal cosa.


Gilipollas

A vuestros pies yo me postro.

Vos debéis ser la Marquesa.

Bien se me turbó mi rostro

al creer que aquesta vieja

fuese la dama traviesa

que a mi señor embelesa

y parecióme a mí un mostruo.

 

Disculpadme, por demás,

aqueste modo de entrar.


Don Martín

Ayudadme Juan Vicente,

Se me enredaron las ropas.

Acudid urgentemente

antes de que coma sopas.

Pues si caigo de repente

he de quebrarme los dientes.


Marquesa

¿Sois vos, Martín,

el que desde la escalera

arma tal escandalera

que mis pulsos acelera?


Doncella

El mismo que viste y calza.

Pues si por un infortunio

no fuese él Don Martín

y le colgase una panza

no tardare en  dirimir

se tratase de don Nuño.


Marquesa

Ayudadle escudero

a rematar la escalera.

No quiero que diga luego

que se partió las caderas

por meterse a mujeriego.


Don Martín

Rosalba, mi Marquesa.

La musa que me embelesa,

la dama de mis reposos.

La cara que se presenta

cuando yo cierro mis ojos

y os veo como esposa

de este que sea tu esposo.

A vuestros pies yo me postro.


Doncella

Pa mi que tenéis un rostro…


Marquesa

Martín de mis entrelelas.

Caballero de mis sueños.

El que a la luz de las velas

a riesgo de quedar ciega

noche tras noche desvela

y os desea como dueño.


Don Martín

Observad pues, escudero,

hecho estoy de otra pasta.

Sin necesidad de enredos

ligamos los caballeros

Ahora vas y lo cascas.


Doncella

Pues no es cosa muy cabal

sorprender a vuestra dama

cuando se iba a acostar.

Para las cosas de cama

no es bueno el pundonor

pues sale perjudicada

de las damas el honor.


Don Martín

Silencio, Os mando callar.

Jamás doncella plebeya

debe a un noble de juzgar.

Además fue idea vuestra

la escalera descolgar

al ver a mi fiel vasallo

sus canciones afinar.

¡Mira quien ha ido a hablar!


Doncella

No es lo mismo, caballero.

Y no colméis mi paciencia.

He de advertiros primero,

para que sepa vuecencia,

existe gran diferencia

entre nobles y escuderos.


Marquesa

Tiene razón mi doncella.

Pues no obra con atino

Un caballero ladino

que subiendo cual centella

ponga en riesgo el destino

de su dama y su estrella.


Doncella

¿Desde cuándo un caballero

que se vista por los pies

como vulgar zorro en celo

entra por los gallineros

cometiendo tal revés?


Don Martín

A fe que teméis ganado

por tener suelta la lengua

Un sopapo muy bien dado.

Mandaré a mi criado

con algo os entretenga.

Ahora estoy ocupado.


Gilipollas

Don Martín ¡Si no me suelta!

Pues me tiene tal aprecio

enredadado entre sus brazos

mas pareciera yo un necio.

Leonor es como un mono

colgándose de un trapecio.


Marquesa

¿A qué has venido Martín?

Pues no soporto el sopor

de tenerte junto a mí

declarándome tu amor

y aumentando mi dolor.


Don Martín

Mañana has de elegir

Entre ese bruto y yo.

Y al Tutor a discernir

cual sea tu decisión.


Mirad mi puñal en mi puño.

Si me das tu convicción

que decidas a Don Nuño,

pongo por testigo a Dios

que he de matar primero

al bueno de mi escudero

y después me mato yo.


Gilipollas

¿Qué escuchan mis orejas?

Que si por facer mi oficio

Me matas como a una oveja

¿Qué es ese sacrificio?

Cierto que soy de tu coya,

Pero escucha que te digo

¿Muerto yo? ¡Y una polla!

 

Doncella

¿Una polla?


Gilipollas

Como una olla.


Maquesa

Os ruego no hagáis locuras

Martín, tenedlo por cierto,

el tiempo todo lo cura.

Veo llegado el momento

Bajo la luz de la luna

De deciros lo que siento.


Don Martín

Os escucho enamorado.

Poned fin a mi agonía.

Mi puñal ya he guardado.

mas si no fuera de agrado

y no quisieras ser mía,

de su cintura colgando

la espada de mi criado

ha de hacerme tal recado

que el mundo dirá asombrado:

Que afilada la tenía.


Gilipollas

Doncella esconded mi espada.

Pues me entra tal pavor

al ver tan perjudicada

la testa de mi señor

que tuviera dedicada

la vida de un servidor.


Don Martín

¿Por qué no calláis los dos?

¡Os juro que con mis hierros

por mi fe y por mi honor

pronto veréis los infiernos

Juan Vicente y Leonor!


Marquesa

Callaros ya sin demora

pues es la conversación

de un Noble y su Señora.


Don Martín

Decid vuestra decisión.

Mi corazón no lo amaino

Y me turba la razón.


Gilipollas

Creo que yerro muy poco

Al pensar que de repente

Don Martín se ha vuelto loco

Y se muestra repelente.


Don Martín

Os Advierto, Juan Vicente

Que como dije a mi Dama

Mi corazón no lo amaino.

Traedme presto la espada.

Voy a desenvainar…

Y desenvaino.


Doncella

Escudero os aprecio.

Mas a vuestro caballero

No le hagáis ningún aprecio

Pone a tu vida su precio.

Pues pensando como un necio

os culpa de sus desprecios


Don Martín

¿Entonces síes o nones

contestáis a mi pregunta?

No hay aire en mis pulmones.

Poned fin a mi emoción.

Ved esos dos mofletones

debajo de mi mentón

No se trata de flemones

¿Cómo os diría yo..?


Doncella

Presto lo adivino yo.

Eso son vuestros cojones.


Marquesa

Leonor cuidad las formas.

¿No tenéis educación?

Y soltad a Juan Vicente

que está cogiendo la horma

de vuestro agarre indecente.

¿Por qué no sois más decente

y lo sacas de mi alcoba?


Gilipollas

Don Martín yo os imploro

me dediques un segundo.

Temo llegado mi turno

de que me coma esta loba

conduciéndome a su alcoba.

¿Qué digo una loba ¡Un loro!

Pues sospecho taciturno

No haya agua en este mundo

Ni  océanos profundos

Que se igualare a mis lloros.


Don Martín

Dejad de darme la lata

que no será para tanto.


Marquesa

Tenéis razón Don Martín

¡Que dos patas para un banco!


Don Martín

A lo nuestro vida mía.

Venid hacia la ventana.

pués esta misma mañana

compuse la poesía

que creo muy adecuada

para encantar a mi Dama.


Marquesa

Os escucho vehemente.

Mas antes de recitarla

he de soltarle una charla

A mi doncela impaciente:

¡No sobéis a Juan Vicente!


Pongo mi alma a la escucha

a vuestra ofrenda de amor

con pasión y con vervor

os abro mi corazón

a lo que me recites vos.


Don Martín

 ¿No es verdad ángel de amor,

que en esta apartada orilla

más pura la luna brilla

y se respira mejor?


Gilipollas

Buenooo. ¡Ya estamos!

Al autor le da un perrenque

como vea de repente

que se le van de las manos

las trampas de este fulano.


Le llevaré al calabozo

bodadillos de tortilla

cuando detengan al mozo

a no tardar mucho rato

por plagiar en el relato

otra vez, con desacato

los poemas de Zorrilla.


Doncella

¡Están llamando a la puerta!

con tremendos golpetazos.

¿Qué he de hacerle, señora?

Pues si abro nos sorprenden

Con este par de pazguatos.

 

Marquesa

Preguntad a ver quién es

y que pretende a deshoras.

No está bien aparecer

ni siquiera pretender

que abramos la puerta ahora

donde duermen las señoras.


Doncella

¿Quién va y que queréis

perturbando nuestro sueño?

¿Acaso no suponéis

que no nos sorprenderéis

durmiendo como dos leños?


Don Nuño

Soy Don Nuño de Braganza.

Señor de vos y tu dueña.

Abrid presta la cancela

Vengo ciego de venganza.

Mi ira mis ojos ciega

desde que vi la escalera

colgando bien traicionera.


Doncella

Pues abrir la puerta no

entra dentro de mis planes.

Tal vez fuera porque yo

Soy guardiana del honor

De mi señora, Señor.

A más de sentir pudor

De abrir sin ningún rubor

A hombres tan animales.


Don Nuño

Un escudo en mi brazo

y con mi espada en el otro

debéis de tener cuidado

con lo que decís, doncella.

Y pánico a vos os diera

si por ventura supieras

con lo que estoy yo llamando.


Marquesa

Apresuraos, Martín

y escondeos presuroso

Pues no creo para mí

sea bien venturoso

que se cuente ya por ahí

que a dos hombres metí

En mi alcoba ¡Que sofoco!


Don Martín

¿Esconderme? Ni lo pienses.

Eso suena a ordinario.

Mas si os sirve de algo

y eso pudiera aliviaros

me meteré en el armario


Doncella

Y vos, escudero fiel

tras las cortinas no vayas

Pues no funciona el riel

No vaya a ser que se caigan

y se descubra el pastel.

Para salvar a las damas

de aventuras mundanas

desde siempre se ha sabido

tener al amante escondido

debajo de alguna cama.