Capítulo 1


Capítulo 1

                                                                             UNA NUEVA VIDA


Mi nombre es Juan Vicente, aunque eso es discutible. Mis amistades me llaman cariñosamente el Gilipollas. Os escribo desde un incómodo asiento de clase turista de un vuelo en dirección a Chicago, Estados Unidos. Seguramente os estéis preguntando qué hago en este avión porque tenéis una querencia irrefrenable a meteros en los asuntos que no os importan en absoluto y en las vidas de los demás. Pero no  tengo inconveniente en relataros estas cosas porque ya que habéis comprado este libro, tampoco sería cuestión de que viniese con las páginas en blanco. Que luego todo son reclamaciones a la editorial.

Os cuento: todo empezó hace un par de semanas. Fui fulminantemente despedido de mi trabajo por escribir anónimos con un rotulador en los azulejos del aseo de mi oficina. En ellos amenazaba a mi jefe de muerte si no subía los sueldos, en particular el mío. Estos mensajes iban acompañados de bonitos dibujos del fulano en pelotas.

Aquella aciaga mañana, justo después de plasmar mi obra en los ladrillos, escuché cómo se descargaba la cisterna del water y el sin gracia de mi jefe me pillaba con las manos en la masa. Veintiséis segundos después estaba metiendo mis cosas en una caja de cartón y despidiéndome de los ya, mi ex-compañeros.

No, nunca tuve suerte con los empleos. Siempre di con personas sin ningún sentido de auto crítica empresarial. No comprendo cómo una reivindicación salarial completamente legítima puede tener el efecto contrario respecto al  que originalmente fue concebido. Cosas de las relaciones laborales, supongo.

Durante unos años había sido un empleado ejemplar en el Departamento de Informática del hospital en el que trabajo. Me había ganado a pulso el puesto de enchufador de teclados, ratones y encendido de monitores. Un trabajo altamente especializado al que había tomado ya el tranquillo y me desenvolvía como pez en el agua. Sin duda mis superiores se resentirían grandemente con mi ausencia. Pero eso ya no era problema mío. Otro vendrá que bueno me hará, como dice el refrán.

Lo primero que hice fue ir al sindicato a hacer una reclamación y poner una querella por despido improcedente. Pero aquella gente no me dio buenas noticias. Me dijeron que llevaba todas las de perder en caso de que presentase una demanda. Y como me di cuenta de que aquello iba a resultar inútil, me aseguré de que llevaba todavía el rotulador en el bolsillo de la camisa y les pedí por favor que me indicasen dónde estaba el aseo.

Al día siguiente me puse a revisar mi currículo-vitae para buscar un nuevo trabajo. Compré todos los periódicos del kiosco y regresé a casa dispuesto a forjarme un futuro prometedor acorde con mis cualidades.

Era ya casi de noche cuando por fin encontré lo que andaba buscando:

URGE personal para el

Pensilvania News Tymes & Horizonts,  Philadelphia

Buscamos personas decididas, con facilidades para el trato personal y disponibilidad absoluta para viajar.

No importa edad ni país de origen ni nivel cultural y/o académico.

Inútil presentarse sin referencias.

Indudablemente el destino me buscaba precisamente a mí. Cumplía con todos los requisitos. En especial el último ¿Buscan un inútil? Ese soy yo. Y mejor que no pidieran referencias porque entonces la habríamos cagado.

Como ya era muy tarde, aproveché para terminar de adornar mi curriculum y mandarlo al día siguiente en horas de oficina. No quise arriesgarme a enviarles el correo electrónico por si Internet no estuviera abierto a esas horas. Decidí ir a lo seguro y no arriesgar.

Tras una noche de nervios, esperé a que mi vecino encendiese su wifi porque yo no tengo cuenta y uso la suya pirateada para acceder a la red. No pasaron más de unas pocas horas cuando recibí la respuesta.

-Estimado señor, Nos alegra  comunicarle que su solicitud para ocupar el puesto anunciado ha sido aprobada. Le ofrecemos incorporación inmediata para el puesto de extrema responsabilidad que se ajusta como un guante a su perfil.

Adjuntamos pasaje de avión para que acuda cuanto antes a tomar posesión del mismo en nuestras dependencias centrales.

Atentamente:

Andrews Patterson: Jefe del Pensilvania News Tymes & Horizonts.

Inaudito. ¡Un trabajo en los Estados Unidos! Y desempeñando un puesto de responsabilidad extrema, eso ponía en el correo. Llamé inmediatamente a mi antigua empresa.

-Hola Marisa, soy yo, Juanvi. 

-Hola Juanvi – me contestó muy amable Marisa, la chica de recepción – Supongo que no tendrás el cuajo de volver a aparecer por aquí. Don Jesús está que trina contigo todavía.

-No, no – le contesté – Sólo quiero pedirle disculpas y despedirme de él como un señor. ¿Me lo podrías pasar al teléfono, por favor?

- ¿Estás seguro? Te va a caer la de Dios es Cristo. No me parece buena idea Juanvi.

-Tranquila Marisa. Total ya no puede despedirme de nuevo. Además tengo una cosa muy importante que decirle.

-Vale, un segundo y te pongo con él. Un saludo y cuídate mucho.

Instantes después una voz desagradable sonaba por mi auricular.

-Sabía yo que todavía tenía que llamarme un gilipollas y amargarme la mañana. A ver Picasso, ¿Qué es lo que quieres? Por aquí no te quiero ver ni en fotografía. –Por Dios, qué tío más agonías.

-Don Jesús, me voy a Estados Unidos en donde andan como locos por contar con mis servicios. Ha perdido usted un empleado muy demandado por multinacionales extranjeras e incluso norteamericanas. Sólo le llamo para decirle que ya me puede venir de rodillas a pedirme que vuelva que va a ser que no. – Y colgué ¡Dios que a gusto me quedé!

No tardó ni un minuto y sonó mi teléfono. Efectivamente, era mi ex-jefe. Seguro que llamaba para implorar mi perdón.

-¿Diga?

-No, nada. No sabes lo feliz que me has hecho sabiendo que te voy a tener a medio mundo de distancia. Y me parece hasta poco. Hala, por mí como si te dan por culo por ahí-  Y ahora el que colgó fue él.

Apenas he tardado media hora en hacer el equipaje y salir pitando para el aeropuerto. Y ahora estoy saboreando un café espantoso en mi butaca a punto de aterrizar en Aeropuerto Internacional de Chicago.O´Hare.

Sí, ya sé que debería estar en Philadelphia, pero me equivoqué de vuelo. Son cosas que le pueden pasar a cualquiera. Si Philadelphia no queda muy lejos me acercaré paseando y así veo mundo.

El vuelo ha aterrizado sin novedad. Ahora estoy en la aduana recogiendo mi equipaje que está dando vueltas en una cinta mecánica. Un perro se ha puesto a olisquearla y ha comenzado a ladrar y a sentarse a su lado. Inmediatamente dos policías me han detenido y llevado al puesto central de la aduana.

-Do you have anything to declare?  –Me pregunta uno.

-¿Cualo? –respondo sin saber que me quiere decir aquel tipo que no se parece en nada a los polis de las películas. No, definitivamente no tiene la cara de pocos amigos que se gasta esa gente. De pronto caigo en la cuenta. Estos hablan en inglés. Para mí eso no supone un obstáculo porque hice un par de cursos en la EGB.

-Yo no inglis pitinglish – Le contesto con perfecta pronunciación mientras le entrego mi carné de identidad y el pasaporte. El tipo lo observa y teclea en un ordenador mis datos. Al cabo de unos segundos vuelve sonriente.

-Hombre, Pero si es usted español. 

Ahora le entendí perfectamente, es curioso lo pronto que aprende uno el idioma nativo en cuanto pasa un poco de tiempo en el país.

-Efectivamente, vengo con una oferta de trabajo para incorporarme de inmediato. Tengo entendido que este es el país de las oportunidades y yo estoy aquí a recoger la mía.

 -Sí. Mis padres son de Soria. Yo me llamo Ernesto – me dice mientras me cachea todo el cuerpo -Emigraron durante la posguerra. Mi padre hizo fortuna falsificando dólares hasta que lo pillaron y lo encerraron en Alcatraz. Mi madre se puso a trabajar en el circo Ringling Brothers como mujer barbuda y nos sacó adelante a toda la familia. Lamentablemente un día se afeitó el bigote y desde entonces supimos lo que es pasar hambre. Es cierto que aquí hay oportunidades para todo el mundo. Enhorabuena. Yo estudié para policía y aquí me tiene, hurgando en las entrepiernas de los pasajeros. - Para mi que este poli es un charlatán. Me importará a mi mucho su vida y la de su barbuda madre. La tabarra que me está dando mientras me sobetea por todos lados.

-Lo que no entiendo es porque me han detenido y me está usted metiendo mano delante de todo el mundo – me dirijo a él en tono un poco molesto.

-El perro ha detectado algo en su maleta. Esto es un procedimiento rutinario –contesta mientras el otro está abriendo mi equipaje sin miramiento ninguno

- ¿Lleva usted alguna sustancia prohibida? Es mejor que confiese antes de que le tengamos que interrogar oficialmente.

-¿Qué drogas ni drogas? ¿Usted me está acusando acaso de llevar guarrerías de esas en mi equipaje? 

-En absoluto. Pero nuestro trabajo es asegurarnos de que no entre nada ilegal en Estados Unidos. Es la ley, amigo.

El otro policía saca una ristra de morcillas que llevaba envueltas en un papel de periódico. Nunca se sabe si las morcillas de otros países son como las malagueñas. Y en ese sentido no he querido correr riesgos.

-Esto queda requisado. No está permitido introducir alimentos en el País. – Me dice mientras no puede evitar que el perro comience a almorzarse mis morcillas con cara de satisfacción. – Ahora haga el favor de acompañarnos a la sala privada para hacerle una exploración a fondo. Si ha incumplido esta ley nada le impide haberse pasado otras tantas por el forro.

Y observo con estupefacción cómo un negro enorme con dedos como salchichones se pone unos guantes que le llegan más arriba del codo y me ordena que me baje los pantalones y me incline hacia adelante.

-We have damaged the X-ray machine and we have to resort to manual scanning. –No sé lo que me ha dicho pero no me gusta nada eso de manual scanning. Suena a que me va a meter un dedaco de esos por el ojete. No tardo nada en comprobar patidifuso que estoy en lo cierto. Y tras un rato  que me parece eterno de enreda que te enreda por dentro de mi cuerpo, llega a las amígdalas hasta el extremo que me entran grandes arcadas y a punto estoy de vomitar.

-Ok. It's clean– le dice a Ernesto que ha asistido a la invasión de culo patrio sin inmutarse. Ese de compatriota me parece a mí que tiene poco.

El otro ha cerrado mi maleta y me la devuelve. El perro se ha comido mis morcillas a una velocidad meteórica y ahora, excitado por el espectáculo de mi trasero que en todo su esplendor que he ofrecido al guardia fronterizo negro, se ha enganchado a mi pierna y han tenido que darle con la porra en las nalgas para que desista de su actitud impropia de un perro policía de servicio.

-Lamento el malentendido. Hágase cargo de que sólo hemos cumplido con nuestro deber, señor Juan Vicente –intenta excusarse el tal Ernesto. El negro se ha quitado el guante y lo está arrojando a un cubo de basura grande como un bidón del que cuelgan otros ya usados con anterioridad.

A punto está de devolverme mis cosas cuando observa que el billete de mi avión no se corresponde con el vuelo del que acabo de apearme.

-Aquí pone que el destino es Philadelphia y estamos es Boston ¿Me puede dar una explicación razonable a esto?

-No estoy acostumbrado a volar. Para mí todos los aviones son iguales. Embarqué en el que me pareció más chulo –Le contesto para no tenerle que dar explicaciones acerca de que me había equivocado de vuelo. Eso me hubiese dado mucha vergüenza.

-Me temo que va usted a dejar a España a la altura del betún en Este país, tentado estoy de denegarle la entrada – me contesta haciendo gestos de desaprobación.

-Mire, llevo sólo diez minutos aquí y ya me han metido un dedo en el culo. No sé a qué altura voy a dejar a España, pero yo ya sé  de qué nivel partimos – Le contesto un poco contrariado- Además no hay problema, indíqueme la parada de metro más cercana para llegar al Philadelphia y yo ya me apaño solito. 

-¡¿Metro?! ¡Pero si estamos a casi quinientos kilómetros!

-¿Tanto? – Le contesto asombrado- Pues, será cuestión de tomar un taxi. No puedo perder ya más tiempo en viajes. Me esperan urgentemente en el Pensilvania News Tymes & Horizonts.

-¿Y por qué no compra un pasaje para un vuelo directo? Llegaría enseguida. Precisamente sale uno dentro de dos horas.

 -Imposible, no puedo permitirme que  me cacheen otra vez en la aduana del otro aeropuerto. Tengo el culo en carne viva.

© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.