Lee el primer capítulo


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Capítulo I:

Me presento: Soy Gilipollas


Según me dice mi mujer, si es que es mi mujer, que esa es otra, anoche me di un golpazo en la cabeza cuando me levanté a mear.

Ya sabéis por aventuras anteriores lo mal que me sientan a mí estos porrazos. Pero bueno, por abreviar:

Esta mañana me he levantado sin recordar nada de nada. Debo llamarme Gilipollas o algo así, ya que es como se dirige a mí esta señora que asegura haberse casado conmigo hace ya muchos años. ¡Qué suerte tienen algunas!

Como me duele bastante el chichón, he llamado al médico de urgencias y después de preguntarme si tenía síntomas de corona, me he palpado la cresta extrañado. Luego he caído en que estaba bromeando y en realidad creo que me estaba preguntando que si tenía cuernos.

Le he colgado el teléfono. Vaya un sinvergüenza…Así va la Seguridad Social.

Total, que he salido a tomar el aire a ver si se me pasa la jaqueca. Un vecino me ha gritado desde el balcón:

- ¡Pero ¡¿dónde vas gilipollas?!

Con lo que se confirma, efectivamente, que ese debe ser mi nombre. Bueno, despejada la primera duda.

Me ha llamado mucho la atención que me he cruzado con gente con la máscara puesta. Yo creo que venían del dentista o algo. Luego, camino del bar, me he cruzado con un par de señoras que llevan una inmensa cantidad de rollos de papel higiénico. Con la sagacidad que me caracteriza he pensado que debían estar de oferta así que sin dilación he puesto rumbo a Mercadona a comprar unos cuantos yo también.

¡Oye, que me ha parado la policía para preguntarme donde iba sin máscara!

Señor agente – le he dicho con toda la calma y la educación del mundo –. Yo ya sé que soy más feo que Picio pero tampoco creo que haya que llegar al extremo de tener que ir con una careta por la calle.

Y se lo ha debido tomar a mal porque inmediatamente me ha pedido los papeles.

- Mirusté, papeles todavía no tengo, pero precisamente ahora iba a Mercadona a comprar unos cuantos rollos. Si quiere le traigo alguno también a usted.

Total, que me ha dado una manta de hostias y me ha multado. Yo he pedido socorro a los vecinos y los hijos de la gran puta se han puesto a aplaudir al agente animándole a que siguiera repartiéndome.

 - Dale más fuerte al gilipollas este. – No entiendo nada –.

Pues eso, que he decidido ir al bar de Manolo a desahogar mis penas. Y tócate los huevos que no estaba abierto. En un cartel pone que el establecimiento está cerrado por virus. Ya sabía yo que Manolo era un guarro y que tarde o temprano el bar se lo iban a cerrar a la mínima que viniera un inspector de Sanidad.

Y no te lo vas a creer, pero todos los bares están cerrados también. Me he acercado a un hombre que está de espaldas y le he tocado el hombro para preguntarle qué pasaba con los bares. El tío se ha pegado un susto y ha empezado a decirme Gilipollas – debo ser bastante popular en mi barrio porque todo el mundo sabe mi nombre –. Y dale que te pego con el soniquete de que no tengo mascarilla y que me aleje de él por lo menos dos metros.

-Oiga ¿por quién me toma?  ¿Acaso le he tocado el culo o me he insinuado? – Le he dicho ya un poco mosqueado –. A todo esto, el tío me ha montado un escándalo que paqué.

Total, que he apretado el botón del semáforo para cruzar cuando se pusiera verde. Tontería porque apenas hay coches circulando, debe ser el día internacional de ir sin coche o algo así. Pero a mí no me gusta cruzar en rojo. Y una tiparraca fea como un demonio me ha dicho a voces que no toque nada sin guantes que puedo coger no sé cuántas enfermedades.

- ¡Y lávate las manos en cuanto llegues a casa, gilipollas!

¿De qué coño conoceré yo a esta tía para que también se sepa cómo me llamo?

Pero, visto lo visto, he pensado que lo mejor sería ir al chino a comprarme una careta y unos guantes para poder andar por la calle sin que nadie me monte un espectáculo. Debe ser la moda el tema de la máscara y los guantes porque hasta los Guardias Civiles la llevan. Nunca entendí ese tema de seguir las modas. Solo espero que tarde en llegar a España el blanqueamiento de ano porque sinceramente yo por ahí no paso.

¡ZASCAAA…! ¡Inaudito: ¡El chino cerrado!  Y un cartel:

“Si estás leyendo esto eres gilipollas, vete a tu casa.”

De repente lo comprendo todo: Es una broma de cámara oculta. Me he puesto delante de la cámara de seguridad del Banco Santander y le he hecho un calvo. Una señora que paseaba con su perro me ha dicho desde la otra acera de la calle:

- Desde luego que con la que está cayendo y usted enseñando el culo. ¿No te da vergüenza? Gilipollas.

Esto es demasiado. Me voy para casa. Enciendo la tele y sale en las noticias el momento en el que el policía me estaba dando de hostias en la calle.  El titular:

“Gilipollas es denunciado por agentes de la autoridad
al no llevar papeles ni mascarilla”.

¡Cágate lorín! ¡Si resulta que hasta el Piqueras sabe mi nombre!

Yo os pido un favor, ya que he perdido la memoria. Si alguien me conoce y sabe quién soy que me lo diga para ver si recupero mis recuerdos. Y no hace falta que me digáis que soy Gilipollas porque eso, a estas alturas, es lo único que sé a ciencia cierta.

Gracias.

© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.