DIARIO DE UN ANORMAL


08 May
08May

Todo esto comenzó sin ánimo de que se convirtiera al final en un relato más o menos largo. Y mucho menos en este libro.

Durante uno de los primeros días de la cuarentena escribí lo que ahora es el primer capítulo. Lo hice con la intención de ridiculizar a toda esa gente que se salta la cuarentena haciendo precisamente eso: el GILIPOLLAS. Nunca pensé ni por un momento recibir tantos comentarios pidiéndome que continuase escribiendo más episodios, porque mi pretensión no era la de ir más allá.

Por alguno de aquellos comentarios me di cuenta de que por lo menos mis payasadas servían para hacer compañía a mucha gente, aunque sólo fuera por unos segunditos. Sobre todo a personas mayores que debían estar muy preocupadas y asustadas con tanto bombardeo de noticias tan negativas en las televisiones, radio, prensa... 

Han sido precisamente las personas más mayores las que con sus mensajes por privado me han hecho saltar las lágrimas de emoción, pero también de inmensa satisfacción. En ocasiones estaban completamente solas en casa y yo me estaba convirtiendo en la única compañía de la que podían disfrutar. No puedo ni imaginar lo mal que lo deben haber pasado. 

Trabajo en un hospital como informático y ya que no puedo tener contacto directo con los pacientes porque no soy sanitario (eso quisiera yo en estos momentos, saber cómo hacer algo por ellos), igual estas tonterías mías sirvan como “aspirina” para hacerles pasar un poco mejor la situación. Me sentí útil si con ello podía por lo menos animarles durante unos instantes. 

De manera que me hice la promesa de continuar escribiendo un capítulo diario cada noche, robando horas al sueño para regalar un minuto de entretenimiento. El trato me compensó con creces.

Fue muy duro intentar evadirse de la espantosa realidad para centrarme en un escenario imaginario en donde la locura sana se impusiese a ese espanto. 

Nunca pretendí ofender a nadie con mis personajes absurdos, surrealistas, caricaturizados. Ni tampoco hacer una serie de capítulos porque, además de que dispongo de poco tiempo para ello, como digo, no fue esa la intención de mi primer escrito.

Me gustaría también manifestar mi solidaridad con todas aquellas personas que sufren en persona o en la familia la maldita Enfermedad del Alzheimer. De ningún modo ha sido intención mía faltarles al respeto. Sólo se me ocurrió la idea de llamar la atención a todas aquellas personas que hacen el GIPILOLLAS a sabiendas, comportándose como si no supieran nada, o esta guerra no fuese con ellos. 

Lo publico tal y como lo he ido subiendo día a día a Facebook, aunque con alguna modificación en el estilo y corrección de errores. Con intención de que sirva como recuerdo amable de esos días tan aciagos. Tal vez en un futuro lo lean personas que tuvieron la suerte de no tener que vivirlos. En ese caso, creo que no comprenderán en profundidad lo que tremendo que ha sido todo esto.

Sólo me resta agradecer el cariño que he recibido y sigo recibiendo de todos y todas vosotras. Quedo en deuda perpetua.

 

 Recibid mi más sincero agradecimiento:

Juan Vicente Sánchez Díaz.


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