CAPITULO 9


CAPITULO 9

                                                                          INCIDENTES LOCALES

Aquella noche no pude dormir demasiado. No me terminaba de hacer una composición de lugar acerca de dónde estaba y que mierdas me estaba pasando. Angel dormía plácidamente en su cama envuelto en una sábana blanca con rallas verdes y un escudo del Bétis.

Y de repente el caos más absoluto. Alarmas estridentes comenzaron a sonar en toda la nave. Pasos acelerados de botas retumbaban por el pasillo. La nave comenzó a moverse a un lado y a otro.

Angel se despertó presuroso me lanzó al suelo.

-¡Nos atacan! – Gritó- es preciso correr a los refugios blindados. ¡Zafarrancho de combate!

-¿Quién nos ataca? – pregunté muy asustado y Angel me miró atónito:

-¡Los enemigos, coño! ¿Quién va a ser si no?

Tres pequeñas naves de caza negras nos disparaban por estribor (Costado derecho, que hay que explicároslo todo y si no me infláis a mensajes por el privado quejándose de que no se entiende lo que escribo). Luces láser azuladas surgían de sus armas y se estrellaban contra nuestra nave. Explosiones increíbles podían escucharse a lo largo de los pasillos.

Seis pequeñas naves salieron de la bodega de nuestro transbordador y comenzaron a disparar a su vez contra los cazas enemigos para interceptarlos a la vez que nuestras baterías defensivas pintaban el cielo de líneas brillantes disparadas contra los atacantes.

Uno de nuestros cazas fue destruido al instante por aquellos cabrones. Sentí mucho miedo y más al ver a Angel pintándose los labios frente al espejo y diciéndome:

-Si hay que morir se muere. Pero mira, que nos quiten lo bailao - y se acercó a mí justo en el instante en el que le dejé sin sentido de un puñetazo en la nariz.

las naves enemigas fueron destruidas una tras otra y súbitamente, tal y como había empezado, todo terminó.

Por los altavoces una voz nerviosa comenzó a dar órdenes.

-Jefes de batallón, informen de daños, informen de bajas.

Al final se hizo un balance definitivo:

Tres baterías defensivas completas destruidas, un caza de combate aniquilado y otro seriamente dañado. Un comedor de oficiales volado completamente, dos salas de mando en llamas igual que el puticlub de suboficiales y afortunadamente, la sala de máquinas con su motor nuclear intacta.

En total cincuentas y seis militares muertos entre oficiales y soldados, quince civiles de distintas especies muertos o gravemente heridos a lo que habría que sumar tres tripulaciones enemigas eliminadas (dieciséis seres) y un testigo de Jehová que pasaba por allí vendiendo una revista llamada la Atalaya con fisura de ano a consecuencia de Dios sabe qué degenerado.

El comandante había muerto también cuando voló uno de los retretes en los que se encontraba haciendo de cuerpo. El segundo oficial (mira, por cosas raras de la vida este no se parecía a Trump, pero se le daba cierto aire al "Puto", el guitarrista de los Mojinos Escocíos) tomó el mando y transmitió un mensaje a la base central de la Galaxia:

-Segundo Oficial MFR (Manel Fernández Roca, recordar que esta gente usa sus iniciales en lugar de su nombre completo, feo vicio), informando. Incidentes locales en el sector FHJ-89, Ataque rechazado. Primer oficial muerto en combate. Tomo el mando según el artículo 45.897.567 bis. Continuamos viaje, repito, continuamos viaje cumpliendo el horario previsto.

-Recibido oficial MFR, revisaremos el VAR por si el enemigo ha cometido alguna falta punible o se encontraba en posición de ataque antirreglamentaria. Cierro.

Angel se despertó de su desmayo. Me acerqué a él y le pregunté nervioso:

-¿Qué es esto?, ¿Acaso el universo entero está en guerra?

Se levantó tambaleante, se sentó en un taburete y con sus labios todavía con carmín me explicó:

-Hace varios milenios descubrimos un sector en la galaxia NGC 4526, en lo que para ti es la constelación de Virgo, muy rico en recursos naturales: agua, uranio, materiales radiactivos muy necesarios para la navegación espacial, platino, oro… todo tan puro y abundante que se puede coger con las propias manos. Una auténtica llave para dominar el espacio. Varias civilizaciones quisieron tomar el control completo sobre esa zona: Los centauros Abascales con sus temibles falanges, Rivereños con tropa de todo tipo de ciudadanos, gentes procedentes del planeta PePe, hoy en decadencia pero que tuvieron sus épocas gloriosas, con sus razas de Aznáricos, Rajonianos y Anfibianos que habitan en charcas fangosas, en fin, una coalición extraña fundada para tomar el poder. A veces los intereses hacen extraños compañeros de cama. Y por supuesto, nosotros nos negamos en redondo. Intentamos pactar con las fuerzas ocultas de los Podem-itas –UP , pero las negociaciones se rompieron cuando les exigimos que se cortaran el pelo y las rastras. ¡Esos van a su puta bola!

Hizo una pausa.

-Nadie sabe con certeza cuantos muertos de uno u otro bando está costando esta guerra pero al remate ni ellos ni nosotros hemos podido todavía explotar los recursos encontrados. Cuando no atacan ellos lo hace nuestro ejército y allí no hay un Dios que se pueda acercar a explotar las riquezas.

Me quedé pensativo y abrumado mientras observaba por el ventanal de mi alcoba como los cuerpos de los muertos eran lanzados al espacio en unas cajas metálicas y se perdían en la inmensidad. Una especie de trompeta sonó como un himno de despedida hacia aquellos héroes.

Me pareció distinguir en aquellos acordes una conocida melodía de mi país: “La Tarara”.

No sé porque mi espíritu se sentía cada vez más hundido. Al fin y al cabo no tenía nada que ver ni en común con aquella gente. ¿O sí? Lloré.


© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.