CAPITULO 6


CAPITULO 6

                                                                            GANÍMEDES


Tras unos minutos comenzamos a orbitar el satélite Ganímedes. Y detrás de él, como agazapado en la inmensidad del espacio apareció de repente una enorme nave nodriza a la que nos dirigimos directamente. La capitana estableció comunicación con ella.

-Nave interceptora UH607 procedente de la Tierra solicita permiso de entrada a la base.

-Diga la contraseña modelo AZ-NAR - le contestaron.

-“España va bien”- exclamó la capitana.

-Correcto. Tiene usted permiso para aterrizar en la plataforma 23. Aminore velocidad y deje el control en manos del personal de tránsito de nuestra nave. – Y luego la voz continuó- ¿Alguna cosa que declarar?

-Sí, llevamos a bordo a un Conde-Duque de rancio abolengo.

-¡Ostias putas! ¿Qué es eso? ¿Algún virus maligno o algo por el estilo?

- No, no es un virus. Pero por su aspecto pudiera ser confundido con Jesulín de Ubrique. El payo tiene la misma cara. Ya se sabe que los terrícolas se parecen todos los unos a los otros como gotas de agua.

-De acuerdo. Prepararemos el protocolo de cuarentena.

-No será necesario. Pero para cumplir con las normas de diplomacia estelar sería muy conveniente que preparasen una banda de música para recibir a mi pasajero. Los Conde-Duque merecen respeto de autoridad. Y en este caso, dada la procedencia del sujeto, que toquen “Paquito el Chocolatero” en su honor.

Yo asistía atónito a la conversación. Al parecer me iban a entregar a la nave nodriza. Seguramente sería allí en donde comenzarían a torturarme a hacerme sabe Dios cuantas cosas. Nada podía hacer y me dejé caer resignado en uno de los sillones que había en la sala de mandos.

Luego se precipitaron los acontecimientos. Mi nave aterrizó en una especie de hangar enorme y un gitano con un órgano Casio, una escalera y una cabra tocó una fanfarria como honores de ordenanza protocolarios.

Salió un tipo de otra raza distinta a la de mis secuestradores. Era como una especie de amasijo informe del que no se sabía dónde tenía la cabeza ni donde estaba el culo. La capitana le saludó militarmente y el tipo me miró (supongo, porque no sé si tenía ojos o no) e hizo un comentario en voz alta:

-Vaya mierda de humano. ¿Y eso es Conde-Duque? En mi planeta no serviría ni para darle de comer a una piara de cerdos.

Me enojé ante aquella recepción

-Yo también te quiero, especie de masa de pizza. Y si no te gusto no haberme traído que yo estaba tan ricamente en mi pueblo bajando la basura en el descanso del futbol.

Un guardia de su escolta, de unos treinta centímetros de altura, se acercó a mí vociferando.

-¿Cómo te atreves a habar así de nuestro comandante?. ¿Es que no os enseñan en vuestro planeta Educación para la Ciudadanía?

-No- contesté- últimamente están más por las clases de religión. Y en ellas no nos han enseñado modales para adorar a esta especie de boniato.

-Tranquilícese su excelencia- dijo la capitana. Y luego dirigiéndose al comandante puntualizó- El terrícola tiene un pronto un poco brusco. Pero es normal que no conozca nuestras leyes teniendo en cuenta que posiblemente tampoco conozca ni las suyas. Es tan primitivo…

El Oficial asintió y se mostró conforme. Después dio media vuelta, y desapareció por la misma puerta por donde había entrado.

De repente un grupo de gente exaltada comenzó a gritarme:
-Inmigrante, vete a tu casa que vienes a quitarnos el trabajo. Humano de mierda.

Asombrado sólo pude llevarme por mis instintos más básicos y les hice una peineta mientras un grupo de guardias de seguridad los desalojaba con “bonitas” palabras y algún que otro mamporro.

-Discúlpeles- dijo la capitana- son un grupo llamado XOV que siempre andan dando por saco en cuanto traemos a gente de fuera.

-¿Ya ahora qué?- pregunté a la capitana.

-Será conducido a una sala de reconocimiento y clasificación y lo recogerá una lanzadera sideral que lo llevará a su punto de destino final. Nuestro viaje juntos termina aquí.

-Será acompañado por un espécimen del planeta Agostini. No tema, no va a sufrir ningún daño. Estos seres a pesar de su aspecto son pacíficos y su único afán es almorzar sin conocimiento ninguno como si no hubiese un mañana. Y por otra parte, puede usted aprovechar esta parada en la nave nodriza para descansar e ir al retrete si quiere. Pero tenga cuidado en no perder el pergamino acreditativo de su título.

Llegó un vehículo pequeño como un carrito de golf conducido por quien iba a ser mi escolta. El tipo era el vivo retrato de un Neanderthal siberiano. Con decir que era clavadito a mi amigo Angel Martínez lo digo todo y me ahorro su desagradable descripción.

En realidad sentí cierto desasosiego y algo de lástima de tener que despedirme de la capitana. Me había tratado bien y terminé tomándole cariño. ¡Qué cosas!

-¿Cómo se llama usted, capitana?- le pregunté

-Mi nombre es prácticamente impronunciable para los humanos. Así que es mejor que me ponga uno usted mismo que pueda articular con facilidad.

-De acuerdo- le dije- Si le parece bien, la llamaré Soraya Sáenz de Santamaría.

-No me gusta- dijo- demasiado largo.

-Entonces la llamaré Esperanza Aguirre.

-No, no- dijo con una mueca de espanto- mejor lo de Soraya.

El comité de recepción abandonó la cubierta, las luces bajaron en intensidad y súbitamente, en la penumbra, se acercó un poco más a mí y…. me besó.


© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.