CAPITULO 5


CAPITULO 5

                                                                              JÚPITER

Desconozco cuánto tiempo estuve desmayado. Pero cuando desperté estaba atado de nuevo a la camilla y completamente en cueros. Seguramente habían aprovechado para hacerme un análisis corporal a fondo porque en una tableta electrónica estaban apuntadas mis medidas: Peso, estatura, volumen pulmonar, volumen cerebral, tamaño de la cuca, etc. Números que no puedo relatar aquí porque atentarían contra la Ley de Protección de datos.

Sentí un escozor serio en el ano y vi que el bicho gordo me sonreía y hacía con sus largos dedos una especie de corazón uniendo el pulgar y el índice de ambas. Evidentemente me cagué en su puta madre.

Me dieron ropas nuevas para que me vistiera. Sin duda era gente que conocía bien a la raza humana y sabe que nos gustan las tradiciones. No quisieron incomodarme. Lo que no esperaba en modo alguno es que el traje que pusieron sobre la cama ¡fuera de torero!

Y con esas pintas asistí por el ventanuco a uno de los espectáculos más grandiosos del sistema solar. Ante mí, como una enorme pelota de colores estaba Júpiter.

Para los que no habéis estado nunca en Júpiter, solo deciros que es un planeta gaseoso que desprende un insoportable olor a huevos podridos a consecuencia del metano. Así que si veis por Groupon alguna oferta de viajes a este sitio no compréis el bono. No vale la pena.

Entró la capitana a mi cuarto con una carpeta. Me miró y se sentó en la cama mientras yo permanecía de pie junto a la ventana.

-Estoy muy decepcionada con usted, Juan Vicente. Hemos analizado su hemoglobina y definitivamente usted no es Conde-Duque ni nada. Su sangre es roja, no es azul. Es usted un fraude. Ya solo nos faltaría averiguar que no salva vidas trabajando en su hospital para llenar la canasta de mentiras.

Solté una risotada. - ¿Y quién te ha dicho a ti que yo soy de la Nobleza?

-Lo he leído en el Facebook. Soy una de tus “amigas”.

-¿Ah sí?  ¿Y quién es si puede saberse?

-Uso una cuenta falsa con la foto de un perro– confesó- pero además de todo esto contamos con gente en la Tierra que trabaja con nosotros como personal infiltrado. No podrías reconocerlos a simple vista pero te puedes llevar una sorpresa si, por ejemplo, te enseño la fotografía del perfil de uno de ellos- Me dijo mientas en un mural se iluminó un rostro conocido: El enano gruñón de Blanca Nieves.

-¡Pero si es Julio Domingo! ¡Por todos los santos…!

-Efectivamente – dijo – Le hemos construido una tapadera para que pase desapercibido. Para todo el mundo es un simple ebanista que se dedica al hobby de reconstruir artefactos históricos como ballestas y guillotinas. Y se ha metido tanto en el papel que da gusto verle sacar filo a las cuchillas.

Hizo una breve pausa. -Y fue precisamente él quien nos puso sobre tu pista. En muchos mensajes del Facebook pudimos leer entre líneas que la guillotina era para ti. Blanco y en botella. Era la señal que esperábamos para capturar a un noble aristócrata español de prestigio. Desgraciadamente, el fulano debió equivocarse y nos confundió con su información. Pero lo pagará caro. Esos errores no están permitidos en la Confederación.

-Bueno, eso te pasa por fiarte de sindicalistas jubilados aficionados a la zoología y al estudio del apareamiento del mirlo ibérico. No te está mal empleado. ¿Y ahora qué? – Pregunté - supongo que me devolveréis a mi casa y asunto terminado.

-Imposible- dijo- No podemos justificar un viaje tan caro diciendo que nos hemos equivocado de objetivo. – me dijo mientras me mostraba una especie de viejo papel de pergamino.

- A todos los efectos, y a partir de ahora es usted su Excelencia el Conde-Duque de… -hizo una pausa terminar de inventarse el nombre cuando de repente apareció por la ventana el satélite de Júpiter llamado Leda. - Su rostro resplandeció.

-El Conde-Duque de Leda- dijo ufana y aliviada escribiendo en el papiro el nombre completo de mi flamante título nobiliario.

-Este documento falsificado dará fe de su rancio abolengo. – me dijo mientras me entregaba el certificado amarillento, con un borlón de cera roja y toda la parafernalia.

Hay que joderse- pensé para mis adentros. No os hagáis pasar por nadie en el Facebook que luego ocurre lo que ocurre. Y aún sigo dando gracias a Dios porque el satélite que se cruzó no fuese Mnemea. Que luego sois muy aficionados a sacar punta a las cosas y no hubieseis tardado en hacer la gracieta y el chascarillo:

¿Qué Mnemea el Conde-Duque? – Hala iros a la mierda, que os conozco como si os hubiese parido.

Además Conde-Duque de Leda suena bien. Tiene un tufo a aristocracia rancia que tira de espaldas. Ya verás cuando se entere el Abascal y me quiera fichar para presidir algún territorio español reconquistado o me ofrezca alguna mamandurria a las que tan aficionado es.

-En cuanto a mi examen médico. ¿Qué tiene que decirme acerca de mis medidas? ¿No hubiese sido más apropiado de cara a sus jefes, ya que les va a mentir, que soy Nacho Vidal?

- Me miró con una expresión entre divertida y compasiva.

- En ese caso tal vez hubiese sido más acertado correr el bulo de que es usted Torrebruno.


© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.