CAPITULO 3


CAPITULO 3

                                                                         EN CAMINO


Poco a poco mi cuerpo se fue habituando al brutal acelerón de la nave. Continuaba acostado en la camilla y la ingravidez no tardó en aparecer. Podía observar el firmamento a través del ventanuco. Un cielo que se había vuelto oscuro de repente y que aparecía cuajado de estrellas.

El tipo gordo que me había atado seguía a mi lado. Había introducido la cabezota en una especie de aparato parecido a los secadores de pelo de esos que parecen un casco. De ese modo permanecía en pie, sujeto por el cabezón sin flotar a causa de la falta de gravedad.

Íbamos a pasar a muy poca distancia de la Estación Internacional Espacial. Cuando de repente, por unos altavoces ocultos pude escuchar:

Atención, en tres segundos pasaremos cerca de la nave terrícola. Apliquen el Protocolo de confusión… Tres... Dos… Uno… ¡Ahora!”.

El marciano godo se bajó el pantalón y puso su rechoncho culo en la ventana de tal forma que aquello tenía toda la pinta de ser un calvo en toda regla a los astronautas que nos estuvieran observando.

Mucho después supe que a la NASA les llegó el siguiente mensaje desde la Estación:

Houston, Contacto con nave intergaláctica. Hemos hecho fotos pero… ¡No os lo vais a creer: tenemos un problema!

Acto seguido el gordote se subió de nuevo el pantalón ajustado mientras me miraba sonriendo.

- Desde hace mucho tiempo nos gusta gastaros estas bromas. A nuestra capitana no le hacen mucha gracia pero yo es que me descojono. Lo que más nos gusta es aparecernos a las tres de la madrugada en una era y darle un susto de muerte a cualquier labriego que vaya a la huerta a regar. Nos partimos el ojete– Me dijo.

- Bueno, espantajo gris. – Le dije- estoy un poco harto de tus gansadas que no tienen ni pizca de gracia. Vas a decirme ahora mismo donde me llevas y qué queréis de mí.

-Mírate, abducido, asustado, atado y vestido con un ridículo pijama. ¿Te crees que estás en condiciones de dar órdenes?

Tenía razón. Pude ver la luna que pasaba ahora a gran velocidad por la ventana. La rodeamos y la nave cambió de rumbo.

Se oyó un zumbido suave y sentí la sensación de volver a tener peso. El marciano sacó su cabezón del casco. Se había activado algún sistema gravitacional de tal modo que en la estancia volvía a reinar la gravedad.

-Bueno, mono terrícola venido a más, a partir de ahora tenemos todo el tiempo del mundo para averiguar los misterios de vuestra especie. – Me dijo mientras desde el techo bajaba una especie de monitor de cristal.

Lo primero es desentrañar porqué desde hace unos años, habéis cambiado vuestro lenguaje y habéis comenzado a hablar en clave. Llevamos mucho tiempo estudiando vuestro vocabulario para captar todas vuestras comunicaciones y poder conocer todos vuestros planes. Pero ahora decís cosas que no entendemos y eso nos preocupa mucho.

El monitor se encendió y apareció un señor con barba. Su cara me pareció muy familiar.

- Humano ¿Qué significan estos mensajes cifrados?. Tú debes saberlo. Tenemos a todos nuestros científicos completamente majaretas intentando descifrarlos. Te va en ello la vida. En especial nos interesa saber qué significa este.- Me dijo mientras el personaje del televisor comenzaba a hablar:

“Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”.

Me quedé helado. ¡No podía creerlo! Mi propia vida dependía de un hilo. ¿Qué contestar a este monstruo? Era el examen más difícil de mi vida. Nadie en la Tierra sabía lo que significaba ese guirigay. Pensé y pensé. El bicho sacó su pistola desintegradora y me la puso en la sien.

-¿Y bien?- me dijo impaciente.

De nada hubiese servido negar que no se trataba de ningún mensaje en clave. Al final, cuando ya casi podía sentir el disparo en mi cerebro, se me ocurrió una estrategia que me salvó la vida.

-Es muy sencillo- balbuceé aterrado y sudando como un gorrino- No podéis descifrar el mensaje porque os falta la clave de desenciptación. Con ella y aplicando fórmulas matemáticas complejas podréis descifrar cualquier cosa. Con vuestros potentes ordenadores no tardaréis en dar con el enigma oculto.

-¿Y cuál es esa clave?-me dijo mientras apretaba con fuerza el arma contra mi cabeza.

Le dije lo primero que se me ocurrió:

-La cerámica de Talavera no es un asunto menor, o dicho de otra manera, es un asunto mayor.

El Bicharraco repitió el mensaje para memorizarlo y salió como un rayo hacia la sala de mandos. Pude escuchar cómo lo tecleaba en el ordenador y a continuación salieron de su boca una serie de maldiciones en su idioma que el traductor no pudo interpretar.

Pero por el olor a chamuscado y los insultos que se lanzaban unos a otros puede intuir que la computadora había quedado fuera de servicio. Ninguna tecnología existente en la galaxia era lo suficientemente eficiente como para desentrañar las gracietas de Mariano.

En un intento desesperado por solventar la situación, la capitana comenzó a vociferar:

-Apagar y volver a encender el ordenador a ver si así se arregla el estropicio. Me cago en los humanos y en la madre que los parió.


© Juan Vicente Sánchez Díaz, 2020. Todos los derechos reservados.