CAPITULO 2


CAPITULO 2

                                                                              EL DESPEGUE


Me encontré tumbado en una fría cama metálica. En una estancia completamente blanca, desconozco si blanco huevo o blanco roto. Para mí el blanco es blanco y punto pelota. Pero a pesar de eso la luz no deslumbraba y el camarote o lo que fuera aquello resultaba agradable.

Comprobé que estaba solo en aquel habitáculo. Por lo demás, ni lucecitas de colores en las paredes ni instrumentos raros y sofisticados, ni tuberías por el techo ni pollas en vinagre.

Se me calló un mito: “Las naves extraterrestres son una mierda que no tienen nada que ver con los platillos de las películas. Mucho más chulos. ¡Donde va a parar!”.

No se notaba ningún tipo de vibración ni de sonido, por lo que supuse que todavía estaba en tierra.

Vi una especie de ventanilla redonda y me levanté sigilosamente para asomarme. Efectivamente, la nave no había despegado y pude observar que el alienígena estaba en la calle enfrascado en una conversación con un ser vestido de verde, un caso grande, una moto con lucecitas y un chaleco reflectante. A su lado otro igualito con otra moto y toda la pesca.

Un curioso efecto sonoro en el interior de la nave me permitió escuchar la conversación de ambos seres. El alto de verde, con deje andaluz dijo al enano:

- Me da igual si viene usted de una despedida de zortero o de una fiesta de disfrazce. Ha dejao su vehículo aparcao en un zitio prohibio.

El hombrecillo gris comenzó a articular palabras incomprensibles. Pero cono el benemérito no tenía el cacharro traductor no pudo enterarse de los argumentos del alien. Sacó de su bolsillo una especie de talonario y comenzó a escribir mientras explicaba:

- Mu bien caballero, le voy a tener que poner una multa por aparcamiento indebido y ahora me va usted a soplar despacito por este aparatito y me va sacando los papeles de la carroza esta que me tiene usté aparcá en to er medio. Vamo a averiguá cómo andamos de ITV.

Comencé a golpear la ventanilla para que el guardia se percatase de mi presencia y me rescatase, pero él seguía escribiendo como un poseso en la libretilla y no me vio.

Al poco, el extraterrestre venía hacia la nave y subía por la escalerilla sin dejar de mirar el papelillo rosado que le había entregado el agente. A esta distancia y puesto que yo conservaba el artefacto traductor, pude enterarme de lo que el bicho aquel pensaba y que creo recordar que era más o menos esto:

-Me cago en la puta, me ha puesto seiscientos pavos de multa y me ha quitado cuatro puntos del carné.

Cuando entró en la nave lo hizo en otra estancia cercana a la mía y entabló una conversación con uno o varios de sus congéneres. Uno de ellos, sin duda era el jefe de aquello porque le dijo con una voz que mi aparato traductor reprodujo como femenina:

-Z90UH, mira que te dije que el código de circulación de los terrícolas es muy complejo, que te lo estudiaras bien para no tener problemas. Pero es que eres muy cabezón. Y ahora tendremos que buscar una granja para robar los seiscientos pavos que te pide en gachó de la moto. Sin duda esta gente vive todavía en la edad del trueque y no conoce el dinero. Hay que joderse. Y tú ahí, con tus huevazos, como un gilipollas-sapiens aguantando marea en lugar de dejarlo seco de un tiro.

Con un hilillo de voz el extraterrestre contestó:

- Sinceramente me acojoné ante la presencia de este ejemplar de terrícola. No sé exactamente qué impresión causó que mi subconsciente me alertase de que no me buscase líos con este ejemplar verde o me podría llevar la ostia más grande jamás soportada por un ser de la galaxia.

La puerta de la nave espacial se cerró, las luces interiores descendieron en intensidad y un bicho parecido al que ya conocía pero algo más gordo entró en mi celda con una correa para atarme a la camilla y me dijo:

- Es por tu seguridad, mono evolucionado, el despegue requiere que estés sujeto a la cama para no ir dándote de cabezazos contra las paredes.

Me arrinconé amenazante y le dije casi a gritos.

-¿De verdad? ¿Y me vas a atar a ese camastro? Pues a ver si tienes cojones de cogerme porque de la primera patada que te voy a dar en las pelotas se te van a poner más gordas que la cabeza.

Me miró con una media sonrisa.

- No será necesaria la violencia, tenemos protocolos muy avanzados para controlar cualquier tipo de situación. -Acto seguido se tiró un sonoro pedo y la habitación comenzó a oler de tal modo que dije implorando:

-¡Por todos los Santos! ¡Basta!

Yo mismo de tumbé en la cama tapándome la nariz mientras el hijoputa me ponía los arneses.

-¡Hay que joderse con la tecnología avanzada! - murmuré.

Segundos después noté una pequeña vibración, un zumbido casi imperceptible y un impulso hacia arriba tan brutal que pensé que me iba a aplastar contra la camilla.

Donde quiera que estuviese mi destino, iba derechito hacia él a una velocidad de tres pares de huevos

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